El debate sobre la regulación de la inteligencia artificial cobra fuerza en América Latina. Los gobiernos de la región buscan aprovechar el impacto económico y social de una tecnología que durante décadas habitó tanto el terreno de la investigación como el del imaginario colectivo. Hoy los estados quieren canalizar el desarrollo tecnológico de forma que contribuya a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.
La regulación se ha convertido en el canal preferido para materializar estas posibilidades. Esta busca proteger libertades individuales, establecer responsabilidades claras, fijar estándares mínimos y crear mecanismos de cumplimiento que generen un contexto propicio para la inversión, innovación y adopción de la inteligencia artificial.
Hasta ahora, Brasil, El Salvador y Perú han aprobado normas específicas sobre la inteligencia artificial, mientras la mayoría de los países avanzan con borradores, estrategias o marcos basados en principios éticos. Colombia destaca por haber realizado un sandbox regulatorio, ejercicio que permite probar el impacto de una ley antes de promulgarla.
La influencia europea en inteligencia artificial y sus limitaciones
Los esfuerzos regulatorios de la inteligencia artificial en la región se han basado principalmente en la regulación de la Unión Europea, siguiendo el llamado efecto Bruselas. Franco Giandana, analista político en Access Now, explica este fenómeno por el precedente que dejó la adopción de legislaciones inspiradas en el Reglamento General de Protección de Datos europeo.
Sin embargo, el escenario global está en transición. Paloma Baytelman, consultora del GobLab de la Universidad Adolfo Ibáñez, observa ajustes y reequilibrios en los enfoques regulatorios de la inteligencia artificial tanto en Estados Unidos como en Europa, atravesados por tensiones entre innovación, competitividad, protección de derechos y capacidad institucional. «Resulta clave que los países de la región reconozcan que los modelos de referencia están evolucionando y eviten trasplantes normativos acríticos que no dialoguen con sus propias realidades», advierte.
Cuatro desafíos característicos
Protección de recursos naturales
América Latina ocupa una posición estratégica en la cadena global de la IA por sus recursos naturales que sustentan la infraestructura digital. Baytelman señala que sin marcos regulatorios adecuados «existe el riesgo de profundizar un modelo extractivo en el que la región provee insumos críticos mientras asume los costos ambientales y sociales, quedando al margen de los beneficios».
La monopolización del agua para centros de datos ha dejado comunidades sin este recurso. En Querétaro, México, dos centros de datos consumen seis veces la cantidad de agua destinada a la población, a pesar de una sequía que dejó al 14.8% sin acceso a este servicio.
Dependencia tecnológica
María Lorena Flórez Rojas, editora de Gobernanza Algorítmica en Data for Policy, señala que la región es consumidora y no desarrolladora de sistemas de IA. «Los modelos más innovadores de la región están montados sobre las APIs de las big tech», destaca. Esto significa que la mayoría de las aplicaciones operan sobre infraestructuras externas cuyos límites se definen fuera del control nacional, lo que puede llevar a discriminaciones y daño social.
Para contrarrestar esta narrativa, surge Latam-GPT, iniciativa encabezada por el Centro Nacional de IA de Chile que busca crear un modelo de lenguaje extenso regional.
Explotación laboral
Las empresas tecnológicas aprovechan contextos de fragilidad económica y crisis humanitarias para emplear mano de obra en condiciones precarias con remuneraciones muy por debajo de estándares justos. Esta subcontratación ocurre principalmente en el etiquetado de datos, práctica altamente presente en países como Venezuela.
Limitada capacidad de implementación
Alejandro Barros, director del Observatorio Público para la Transparencia e Inclusión Algorítmica de Chile, advierte sobre la importancia de que los estados reconozcan sus propias limitantes. Países que copiaron el modelo europeo enfrentan críticas por regulaciones que se quedan en papel.
Barros señala «una debilidad estructural en América Latina donde la falta de recursos humanos, financieros y de modelos de gobernanza adecuados termina socavando la implementación efectiva de marcos regulatorios ambiciosos».
La sombra de las grandes tecnológicas
Una investigación de Agencia Pública de Brasil y más de 15 medios reveló la influencia de empresas tecnológicas globales en las leyes y políticas de América Latina a través de intenso cabildeo y conexiones estratégicas. En Brasil, la relajación de disposiciones estrictas de la principal propuesta regulatoria ocurrió tras un viaje a Washington del senador proponente.
Filipe Medon, del Centro de Tecnologia e Sociedade de FGV Direito Rio, explica cómo algunas grandes empresas recurren a la propagación del miedo como estrategia anti-regulatoria, argumentando que cualquier intento de regulación podría frenar la innovación.
Mientras los congresos tardan en actuar, las decisiones técnicas ya se tomaron: qué modelos se usan, qué datos se entrenan, qué estándares se imponen y qué valores quedan incorporados en los sistemas que la región consume. La regulación de la inteligencia artificial en América Latina se encuentra en fase incipiente, marcada por urgencia normativa pero con avances limitados en capacidades, innovación y gobernanza de datos.











