Sacar al póker de los casinos y dignificarlo es el objetivo de la Asociación Deportiva Nacional de Póker (ADNP) de México, que desde su creación y pese a ser avalada ante la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte y registrada en el Sistema Nacional del Deporte desde 2017, enfrenta restricciones gubernamentales para desarrollarse.
Florentino Coalla, presidente de la ADNP y vicepresidente de la Confederación Panamericana, empezó por celebrar que la Federación Mundial de Póker, con sede en Brasil, recibió hace unos días, el 22 de diciembre, la aprobación de la Asociación Internacional de Deportes de la Mente (IMSA), para reconocerlo como deporte mental, y no sólo un juego de azar.
En el proceso para dar ese paso, la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED) emitió en 2017 un detallado dictamen que determina que “cumple con las características para ser considerado un deporte en México”.
Entre las consideraciones, la ENED cita que al igual que la práctica del ajedrez, que sigue aplicando para aparecer en el programa olímpico, el jugador de póker “desarrolla una actividad en la que cuerpo, mente y espíritu están amalgamados armónicamente”.
“Sostener una concentración y mantener el poder intelectual al máximo de las capacidades durante muchas horas y varias jornadas, requiere de un gran soporte de energía corporal. En todos los deportes mentales los competidores realizan un esfuerzo que los compromete integralmente”, apunta el documento de la ENED.
Coalla puso en contexto el panorama de ese juego de naipes en México después de creada la ADNP, actualmente con asociaciones protocoladas en 19 estados del país, en los que se han generado circuitos de competencias.











































