La industria del juego en Países Bajos atraviesa una crisis por impuestos y regulaciones. La autoridad holandesa Kansspelautoriteit (KSA) ha alertado sobre el riesgo de que las máquinas tragamonedas de casinos cerrados terminen en el mercado ilegal.
Esto ocurre en un contexto donde cada vez más establecimientos físicos cierran sus puertas, en parte por los fuertes aumentos de impuestos al sector.
Impuestos altos golpean a los casinos en Países Bajos
El principal detonante es el alza de los impuestos. Desde septiembre de 2023, el gobierno aprobó subir gradualmente el impuesto sobre los ingresos brutos de los casinos: pasará del 30,5% al 34,2% en 2024 y llegará al 37,8% en 2026.
La idea, según las autoridades, es financiar programas para reducir los daños del juego, como investigaciones y tratamientos. Sin embargo, esta medida ha golpeado fuertemente a los negocios tradicionales.
Cierres de Holland Casino y JVH Gaming marcan el sector
Las consecuencias ya son visibles. Holland Casino, uno de los operadores más importantes, cerró su sede en Zandvoort y redujo horarios en Róterdam y Ámsterdam. Petra de Ruiter, su directora, explicó que estos ajustes buscan asegurar un futuro “sostenible” para la empresa, priorizando el juego seguro. Por otro lado, JVH Gaming, otro gigante del sector, planea cerrar 25 de sus 87 salas, incluyendo posiblemente todas las de su marca Flamingo Casino.
Regulador advierte sobre el mercado ilegal de tragamonedas
¿Qué pasa con las máquinas de los locales cerrados? La KSA insiste en que estas deben permanecer en el mercado regulado. Es decir, si un establecimiento cierra, las máquinas no pueden venderse a cualquiera: solo quienes tengan licencia oficial pueden operarlas. El regulador colabora con la policía y centros de información para detectar usos ilegales, como el reciente caso de un casino clandestino desmantelado en Hoogeveen.
Transformación del sector del juego en Países Bajos
En resumen, el sector vive una transformación forzada: los impuestos buscan reducir el juego problemático, pero han acelerado el cierre de locales. Mientras las empresas intentan adaptarse, las autoridades vigilan que el mercado no se descontrole, especialmente con las máquinas que quedan “huérfanas” tras los cierres.











































