El 28 de mayo, un intercambio de disparos entre soldados tailandeses y camboyanos en una zona limítrofe desencadenó una nueva crisis diplomática en el sudeste asiático. Como respuesta inmediata, el gobierno de Tailandia emitió restricciones fronterizas a partir del 17 de junio, limitando el cruce hacia Camboya exclusivamente a fines esenciales como comercio, salud, educación y trabajo agrícola.
Quedaron expresamente prohibidos los desplazamientos hacia los casinos de Poipet, destino habitual para decenas de miles de ciudadanos tailandeses que cruzan a diario para apostar. El paso fronterizo de Ban Klong Luek, el más transitado, fue restringido a personas con autorización específica, quedando excluidos tanto jugadores como trabajadores del sector del juego.
Miles de empleados tailandeses sin ingresos
Los casinos camboyanos ubicados en Poipet, ciudad limítrofe con la provincia tailandesa de Sa Kaeo, dependen en gran parte de la mano de obra proveniente de Tailandia. Estimaciones locales indican que más del 80% de los trabajadores de los grandes casinos como Holiday Palace, Star Vegas o Grand Diamond City son tailandeses.
Con las nuevas medidas, al menos 5.000 trabajadores regresaron a Tailandia entre principios y mediados de junio. Se proyecta que la cifra podría alcanzar los 20.000 en los próximos días. La mayoría ha quedado sin empleo o en situación de licencia forzosa, sin una red de seguridad establecida por el gobierno camboyano.
Algunos casinos han ofrecido permisos especiales de corta duración, válidos por hasta siete días, para permitir el regreso de personal técnico clave. Sin embargo, el flujo normal de personal no ha podido restablecerse.
Fuerte caída del turismo de apuestas
El impacto económico es significativo. Antes del conflicto, se estimaba que los casinos de Poipet recibían entre 5.000 y 10.000 jugadores tailandeses por día, lo que generaba ingresos superiores a los 3 millones de dólares diarios. Se calcula que los visitantes tailandeses representaban entre el 90% y 95% del total de la clientela.
Las restricciones actuales han reducido este flujo a mínimos históricos. Las salas están prácticamente vacías y los operadores enfrentan una caída de ingresos que podría superar los 90 millones de dólares mensuales si la situación se prolonga.
Para contrarrestar el golpe, algunos casinos han iniciado campañas con paquetes promocionales, pero la respuesta ha sido marginal debido a la continuidad del cierre parcial y a la incertidumbre regional.
Consecuencias económicas para la zona
El conflicto ha afectado no solo al juego, sino también a toda la economía de frontera. Negocios asociados al transporte, hospedaje, alimentos y cambio de divisas en ambos lados del límite han reportado pérdidas severas. En Poipet, algunos hoteles han cerrado temporalmente y varias salas de juego han comenzado a operar con generadores eléctricos, ante la reducción del suministro transfronterizo desde Tailandia.
Por su parte, Camboya respondió imponiendo restricciones a importaciones tailandesas, incluyendo alimentos y productos de consumo. También ha aumentado la vigilancia en su lado de la frontera, desplegando drones y reforzando sus bases militares.











































