Hasta hace poco, un mismo tipo de apuesta pagaba impuestos distintos en Uganda según el canal por el que se realizará. Esa asimetría llega a su fin: el Parlamento ugandés respaldó una propuesta del presidente Yoweri Museveni para modificar el proyecto de Ley de Enmienda del impuesto sobre la renta de 2026 y eliminar la exención de la que gozaban los casinos terrestres frente a la retención fiscal del 15% sobre las ganancias.
Con el cambio aprobado, los casinos físicos del país deberán trasladar a sus clientes esa retención del 15% sobre las ganancias netas, exactamente el mismo esquema que ya regía para las apuestas y los juegos de azar en línea. Hasta la reforma, los operadores terrestres no estaban obligados a aplicar ese descuento, una diferencia de trato que ahora queda sin efecto.
La modificación supone, en la práctica, una equiparación fiscal entre dos segmentos que hasta ahora tenían obligaciones diferentes. Para el Gobierno, el objetivo es evitar que el formato de operación determine la carga tributaria y garantizar que las distintas modalidades de juego contribuyan de manera similar a las arcas públicas.
Por qué el gobierno decidió terminar con la exención
El respaldo legislativo a la propuesta presidencial llegó de la mano del Comité de Planificación Financiera y Desarrollo Económico, cuyo titular, Maximus Ochai, defendió la medida como una forma de blindar la recaudación fiscal frente al riesgo de fuga de ingresos. Según explicó, mantener un tratamiento impositivo distinto para actividades de juego prácticamente idénticas, solo por tratarse de plataformas diferentes, abría una puerta innecesaria a maniobras de evasión.
El antecedente de abril con las apuestas al 30%
La decisión sobre los casinos terrestres no aparece de manera aislada. En abril, Uganda ya había aprobado el proyecto de ley de enmienda de loterías y juegos de azar de 2026, que fijó una tasa uniforme del 30% tanto para las apuestas como para los juegos de azar en general. Antes de esa reforma, las apuestas tributaban con una alícuota menor, del 20%, bajo el argumento de que implicaban un riesgo más bajo para los jugadores que otras modalidades de juego.
La nueva política tributaria refleja así una estrategia más amplia del Gobierno ugandés para incrementar los ingresos provenientes de una industria en expansión. El objetivo no pasa únicamente por elevar las tasas, sino también por reducir las diferencias regulatorias entre las distintas modalidades de juego y establecer criterios más uniformes de tributación.
El mercado interactivo ugandés no es un actor menor dentro de ese esquema. De acuerdo con datos de H2 Gambling Capital, el segmento generó 435,3 millones de dólares en ganancias brutas durante 2025, y la consultora proyecta que esa cifra podría superar los 1.000 millones de dólares anuales hacia finales de 2029. Este crecimiento ayuda a explicar el interés del Gobierno por asegurar una base impositiva amplia y consistente.
Un ajuste que se replica en otros mercados africanos
Uganda no está sola en este movimiento. Varios países del continente africano vienen revisando sus esquemas tributarios sobre el juego en los últimos meses, en un contexto de crecimiento de las apuestas digitales y de búsqueda de nuevas fuentes de ingresos fiscales.
En Kenia, las autoridades sumaron el año pasado un impuesto del 5% sobre cada retiro realizado desde una billetera de apuestas, además de un gravamen especial del 5% aplicado a los depósitos. En Nigeria, por su parte, el estado de Lagos comenzó en febrero de este año a exigir una retención inmediata del 5% sobre las ganancias de los jugadores.
El caso ugandés se distingue de esos ejemplos por su enfoque. En lugar de incorporar únicamente nuevos tributos, la reforma busca nivelar las condiciones entre el juego presencial y el digital, cerrando una brecha que, según el propio Gobierno, venía favoreciendo a un segmento del mercado por sobre otro.
La medida también marca una señal para los operadores que participan en el mercado ugandés. Con la eliminación de la exención, los casinos terrestres deberán incorporar la nueva retención a sus operaciones y adaptar sus procesos fiscales a un escenario en el que la modalidad de juego ya no determina una ventaja tributaria.
En adelante, la evolución de la recaudación permitirá medir el impacto real de la reforma y determinar si la equiparación consigue los ingresos adicionales proyectados por las autoridades. Por ahora, Uganda avanza hacia un modelo en el que el crecimiento de la industria del juego está acompañado por una política fiscal cada vez más uniforme entre sus distintos canales.











































