En un mercado digital que crece a doble dígito en América Latina, Chile ha irrumpido con fuerza en el sector de las apuestas deportivas online. Y aunque el protagonismo suele recaer en equipos de Primera División o ligas internacionales, un fenómeno inesperado se viene consolidando en silencio: el auge de la Primera B como una de las competencias más atractivas para los apostadores locales.
Esta liga de segunda categoría, tradicionalmente limitada al interés regional o de nicho, se ha posicionado entre las más jugadas en plataformas digitales. El fenómeno plantea preguntas sobre los nuevos hábitos de consumo, los modelos de monetización del deporte y la falta de una legislación que regule la actividad.
De la tribuna al celular: el cambio en el consumo deportivo
Uno de los motores de este auge es el perfil digital del nuevo aficionado. Ya no se trata solo del hincha que sigue a su equipo por la radio o la televisión local. Con el acceso a plataformas de apuestas 24/7, miles de usuarios han comenzado a interactuar con competencias que antes no formaban parte de su radar.
Las casas de apuestas han sabido capitalizar esta tendencia. El atractivo de cuotas más altas en encuentros con menor cobertura mediática ha elevado el interés por campeonatos como la Primera B. En muchos casos, los apostadores valoran más la rentabilidad que la fama de los clubes.
Según un informe de la consultora H2 Gambling Capital, el sector del iGaming en Chile podría alcanzar los US$170 millones en ingresos brutos este año, con una parte significativa proveniente del fútbol local.
¿Por qué las ligas menores seducen a los apostadores?
Aunque parezca paradójico, el menor control mediático sobre los partidos de la Primera B ofrece condiciones que algunos jugadores experimentados consideran ventajosas. Las variaciones en los rendimientos, las sorpresas frecuentes y el desconocimiento generalizado sobre las plantillas convierten a la liga en un terreno fértil para quienes analizan estadísticas y buscan detectar patrones.
Además, la accesibilidad a partidos por plataformas streaming y redes sociales ha aumentado significativamente, eliminando una de las principales barreras que antes alejaban a los apostadores: la imposibilidad de seguir los encuentros en tiempo real.
La urgencia de una regulación clara
El debate sobre la legalidad de las apuestas online en Chile sigue abierto. Si bien el Congreso discute un proyecto de ley que busca regular la actividad desde 2022, las plataformas internacionales continúan operando sin licencia local ni control tributario. Esto significa que el boom de las apuestas en la Primera B —y en el fútbol en general— ocurre en un vacío legal que preocupa a diversas instituciones.
El Ministerio de Hacienda ha advertido que, sin una ley vigente, el Estado deja de recaudar millones de dólares al año, mientras los riesgos asociados al juego problemático, la falta de protección al consumidor y la posible manipulación de partidos crecen al margen de toda fiscalización.
Una liga emergente en el epicentro de la transformación
La Primera B chilena, por años marginada del protagonismo deportivo nacional, ha encontrado un nuevo tipo de visibilidad: el interés de las plataformas de apuestas y de una audiencia que consume fútbol como una experiencia interactiva. Este nuevo rol trae consigo oportunidades, pero también desafíos éticos, sociales y regulatorios.
Chile se enfrenta a la necesidad de responder a una realidad que ya desbordó lo informal. Si la legislación avanza, el país podrá capitalizar el crecimiento del sector; de lo contrario, corre el riesgo de que su fútbol —incluido el más humilde— se convierta en terreno fértil para dinámicas opacas y sin control.











































