Por primera vez en Estados Unidos, Meta, TikTok y Snap enfrentan un juicio por acusaciones de crear productos deliberadamente adictivos para menores. La selección del jurado en el Tribunal Superior de California en Los Ángeles marca el inicio de un proceso que podría redefinir la responsabilidad de las empresas tecnológicas sobre sus usuarios más jóvenes.
El caso que inició la batalla legal en Estados Unidos
El primer proceso tiene como protagonista a KGM, una joven californiana que comenzó a usar redes sociales a los ocho años. Según su denuncia, desarrolló adicción a Instagram, TikTok y Snapchat desde temprana edad.
Sus abogados sostienen que el diseño de estas plataformas, con técnicas como el desplazamiento infinito, fomentó un uso compulsivo que derivó en depresión, ansiedad y pensamientos suicidas. La demanda argumenta que este impacto negativo no es accidental, sino consecuencia de estrategias empresariales diseñadas para maximizar el tiempo de uso de los menores.
El equipo legal busca compensación económica y cambios obligatorios en el diseño de las plataformas. Joseph VanZandt, uno de los abogados principales, declaró: «Este es el punto cero de nuestra lucha contra las redes sociales, donde la sociedad establecerá nuevas expectativas y estándares sobre cómo las empresas pueden tratar a nuestros niños».
Paralelismos con el caso de las tabacaleras
Esta acción judicial forma parte de una ofensiva legal más amplia, con miles de demandas presentadas por adolescentes, distritos escolares y estados en todo el país.
La estrategia de los demandantes recuerda la empleada contra las tabacaleras en los años noventa, cuando se demostró que ocultaban información sobre los daños de sus productos. Aquellos litigios terminaron en 1998 con un acuerdo de 206.000 millones de dólares, el mayor en la historia estadounidense.
Los abogados argumentan que las redes sociales, como los cigarrillos, constituyen un «producto defectuoso» por su potencial adictivo y los daños que ocasionan a la salud mental juvenil. Entre las tácticas señaladas están los algoritmos de recomendaciones, la reproducción automática de videos y los filtros de belleza, que promueven comparaciones perjudiciales y dismorfia corporal.
La defensa de las plataformas
Las empresas demandadas han respondido con una estrategia doble. Niegan que sus productos sean adictivos y argumentan que no existe prueba científica concluyente que lo demuestre. Además, se amparan en la ley federal que protege a las plataformas digitales de ser responsables por el contenido que publican sus usuarios.
Portavoces de Meta declararon que los litigios simplifican en exceso los problemas de salud mental adolescente, responsabilizando solo a las redes sociales de una cuestión compleja. Según esta postura, factores como la presión académica, la inseguridad escolar, los retos socioeconómicos y el abuso de sustancias desempeñan un papel igual o más relevante.
Snap llegó a un acuerdo extrajudicial con KGM la semana previa al inicio del juicio, aunque sigue figurando como demandada en otros procesos similares.
Regulación internacional en aumento
El juicio ocurre en un momento de creciente escrutinio internacional sobre el papel de las redes sociales en la vida de los menores de edad. Diversos gobiernos han comenzado a tomar medidas para limitar la exposición de niños y adolescentes a estos entornos digitales.
Francia estableció en 15 años la edad mínima para abrir una cuenta en redes sociales. Australia bloqueó el acceso a estas aplicaciones para menores de 16 años.
En Estados Unidos, aunque el Congreso ha debatido regulaciones más estrictas, los esfuerzos han tenido poco éxito. Algunos estados como California, Texas y Ohio aprobaron normativas para proteger a los menores, pero las compañías tecnológicas han bloqueado muchas de estas leyes en los tribunales, invocando la libertad de expresión.
El resultado de este juicio podría establecer un precedente sobre la responsabilidad de las plataformas digitales en la protección de sus usuarios más vulnerables.











































