En Brasil, una encuesta realizada por Datafolha ofrece por primera vez una radiografía detallada de la relación de los brasileños con las apuestas online. Según el relevamiento, el 10% de los brasileños de 16 años o más apuesta de forma habitual en plataformas digitales. Dentro de ese grupo, el 2% lo hace con alta frecuencia, el 4% de manera ocasional y el 4% restante de forma esporádica. El 90% de los encuestados afirmó no tener este hábito.
El estudio fue realizado con un margen de error de dos puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%.
La motivación principal: buscar ingresos extra
Entre las 209 personas que declararon haber apostado online al menos una vez, el 46% señaló que lo hizo con el objetivo de obtener ingresos adicionales, ya sea a través de apuestas deportivas o juegos de casino. Al proyectar ese dato sobre el total de la muestra, el 5% de los brasileños utiliza las apuestas con esa finalidad, mientras que el 1% indicó haber destinado las ganancias al pago de gastos mensuales, lo que revela una dimensión de dependencia económica que merece atención.
Un hábito aún minoritario, pero con matices en la lectura de los datos
En términos generales, los resultados refuerzan la idea de que el juego online aún no tiene una adopción masiva en el país.La baja frecuencia predomina entre quienes lo hacen, con la mayoría apostando de forma ocasional o esporádica. Sin embargo, la forma en que se presentan ciertos cortes dentro del estudio puede influir en la interpretación de los resultados y amplificar percepciones que no necesariamente reflejan la magnitud real del fenómeno.
Un dato que merece señalarse es que el estudio incluyó entrevistados a partir de los 16 años, grupo etario para el cual la práctica está prohibida por la legislación vigente en Brasil. Esa decisión metodológica agrega una capa de complejidad al análisis y abre preguntas sobre el acceso de menores a las plataformas de apuestas.
El impacto financiero: lo que dice la investigación del NBER
Más allá de los hábitos, el debate central en Brasil gira en torno al impacto económico de las apuestas sobre las familias. Un estudio del National Bureau of Economic Research (NBER) de Estados Unidos identificó un efecto de sustitución directa: por cada dólar gastado en apuestas, hay una reducción equivalente de un dólar en ahorro o inversiones.
La investigación se basó en el análisis de transacciones electrónicas identificadas mediante códigos específicos y logró mapear con precisión los montos destinados a plataformas como FanDuel y DraftKings, que concentran cerca del 70% del mercado estadounidense. Si bien el estudio fue realizado en ese país, sus conclusiones alimentan el debate en Brasil sobre los efectos del juego online en la salud financiera de los hogares.
La perspectiva local: las apuestas como un factor entre muchos
En el contexto brasileño, el peso del sector es acotado en términos macroeconómicos. Según un estudio de LCA, las apuestas representan menos del 0,5% del consumo mensual de las familias en el país.
Lauro Gonzalez, coordinador del Centro de Estudios en Microfinanzas e Inclusión Financiera de la Fundación Getulio Vargas (FGV), ofreció una lectura matizada del fenómeno. «Las apuestas tienen su parte de responsabilidad, inequívocamente, pero no son las únicas. Y tampoco es cierto que todo sea un problema de educación financiera, aunque esta sea muy importante. Es la combinación de diversos factores, que incluyen ingresos, inflación y crecimiento de la economía», afirmó el especialista.
Un mercado regulado que sigue generando preguntas
Brasil atraviesa un proceso de regulación del mercado de apuestas online que busca ordenar un sector en rápida expansión. Los datos de Datafolha sugieren que, por ahora, la penetración del juego digital es limitada en términos absolutos. Pero la combinación de una base de usuarios motivada por la búsqueda de ingresos extras, el efecto documentado sobre el ahorro familiar y la presencia de menores en las encuestas revela que las preguntas sobre el impacto social del sector van mucho más allá de los números agregados.
El desafío para las autoridades y los operadores será construir un marco que proteja a los sectores más vulnerables sin criminalizar una práctica que, para la mayoría de quienes la ejercen, sigue siendo ocasional y periférica en su economía cotidiana.











































