China estableció este jueves una meta de crecimiento del PIB de entre el 4,5% y el 5% para el presente año, durante la apertura de la cuarta sesión del XIV Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), celebrada en Beijing. Según Bloomberg, se trata del pronóstico de crecimiento económico más conservador que el país ha fijado desde 1991, lo que refleja una lectura cautelosa del contexto internacional y la voluntad de construir bases sólidas para el siguiente ciclo de planificación.
El anuncio fue parte del informe sobre la labor del gobierno presentado por el primer ministro Li Qiang, que también trazó los objetivos macroeconómicos en materia de empleo, inflación, balanza de pagos y emisiones de carbono para el año en curso.
Por qué China optó por un objetivo más bajo
Li Qiang explicó la lógica detrás del rango elegido: 2026 marca el inicio del período del XV Plan Quinquenal (2026-2030), lo que convierte a este año en un punto de inflexión que exige prudencia. Según el primer ministro, la decisión de fijar un objetivo más conservador responde a la necesidad de protegerse de los riesgos, dejar espacio para las reformas y sentar las bases para un desarrollo más sólido en los años siguientes.
Li también vinculó la meta con los objetivos estratégicos de largo plazo. «La meta de crecimiento del PIB se alinea ampliamente con los objetivos a largo plazo para 2035 y es básicamente coherente con el potencial de crecimiento a largo plazo de la economía», afirmó, subrayando que las condiciones para alcanzarla son favorables y que cada región deberá adaptarla a su propia realidad.
Un déficit y un gasto público sin precedentes en China
En el plano fiscal, los números de 2026 marcan un hito histórico. La ratio déficit/PIB fue fijada en el 4%, lo que implica un déficit de 5,89 billones de yuanes, equivalente a aproximadamente $854.000 millones de dólares. Esa cifra representa un incremento de alrededor de $33.400 millones de dólares respecto al año anterior.
Más significativo aún es el dato del gasto público: por primera vez en la historia, el gasto general del Estado superará los 30 billones de yuanes ($4,35 billones de dólares), con un aumento de aproximadamente $184.000 millones de dólares frente al ejercicio previo. La expansión del gasto es coherente con la política monetaria moderadamente expansiva que Li anunció como parte de la estrategia para el año.
Los objetivos de empleo, inflación y producción agrícola
El informe también incluyó un conjunto de metas complementarias que completan el cuadro económico para 2026. En materia de empleo, el gobierno se propone crear más de 12 millones de nuevos puestos de trabajo urbanos y mantener la tasa de desempleo urbano (medida por encuestas) en torno al 5,5%. En cuanto a precios, el objetivo es que el índice de precios al consumidor (IPC) no supere el 2%, en línea con la política de contención de la inflación.
El gobierno también fijó como meta que los ingresos de los residentes crezcan en sintonía con la expansión económica general, que la balanza de pagos se mantenga prácticamente estable y que la producción de cereales alcance los 700 millones de toneladas. En el plano medioambiental, se estableció una reducción de las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB de aproximadamente el 3,8%.
El inicio del XV Plan Quinquenal como marco estratégico
El contexto en el que se inscriben estos objetivos es determinante para interpretarlos. El XV Plan Quinquenal, que abarca el período 2026-2030, marca el inicio de una nueva etapa en la hoja de ruta de desarrollo de China. Que el primer año de ese ciclo tenga como meta de crecimiento el rango más bajo en más de tres décadas no es solo una señal de cautela macroeconómica: es también una declaración de prioridades. Beijing prefiere crecer de forma más ordenada y consolidar las reformas estructurales antes que comprometerse con tasas más altas que podrían requerir estímulos insostenibles o ampliar los desequilibrios existentes.
La combinación de un gasto público récord, una política monetaria expansiva y metas sociales concretas en empleo e ingresos dibuja un gobierno que busca sostener la demanda interna mientras administra con cuidado los riesgos externos en un entorno global de creciente incertidumbre.











































