Las medidas de confinamiento para limitar la propagación del nuevo coronavirus mantienen aislado al 40 % de la población mundial. Esta paralización de las labores comunes —tanto de los individuos como de las industrias— ha reducido en altos grados varios componentes contaminantes presentes en las zonas urbanas. Entre los principales se encuentran el material particulado (PM) y el dióxido de nitrógeno (NO2) ya que, con frecuencia, superan los valores del Estándar de Calidad Ambiental (ECA) del aire.
El panorama del medioambiente también ha sufrido algunos cambios por la reducción de la contaminación acústica y, en general, por la inmovilización de las personas. En varias localidades del mundo, cibernautas han registrado las migraciones de distintos animales hacia la ciudad. Aunque muchas de esas publicaciones son falsas, si es cierto que varias especies están aprovechando la ausencia humana para dar un paseo por su nuevo ecosistema.
Partículas invisibles
Las Directrices de la Organización Mundial de Salud (OMS) sobre la Calidad del Aire indican que el PM —además de afectar a más personas que cualquier otro elemento de la polución— dañara con más nocividad dependiendo de su tamaño. Por ejemplo, algunas partículas pueden tener un diámetro de 10 micrones (PM 10), que es igual a decir 10 milésimas de un milímetro; pero existen otras aun más pequeñas capaces de penetrar el pulmón humano y que poseen un diámetro de 2.5 micrones (PM 2.5) o menos.
En Perú, el Ministerio del Ambiente ha registrado que la calidad de aire de Lima Metropolitana ha alcanzado los niveles recomendados por la OMS, un máximo de 25 μg/m3 (microgramos por metro cubico) de PM 2.5 como promedio diario. Desde que empezó la cuarentena, la cifra más baja documentada por el Servicio Nacional de meteorología e Hidrología (Senamhi) y la Dirección General de Salud (Digesa) ha sido de 4 μg/m3.
Los niveles de abril, hasta el cierre de la nota, capturados en Lima Metropolitana han tenido una media por día por debajo de los 20 μg/m3 de PM 2.5. “Esto nos tiene que ensenar que somos nosotros los que contaminamos el ambiente, y los que tenemos la oportunidad de mantener esta situación como, por ejemplo, usar más la bicicleta, avanzar hacia la movilidad eléctrica y usar más vehículos a gas natural”, sostuvo la ministra del Ambiente, Fabiola Muñoz.

Gas tóxico
Otro de los graves riesgos sanitarios está relacionado con la exposición al dióxido de nitrógeno (NO2), causante de una importante inflamación de las vías respiratorias. Por ello, la OMS señala que la máxima concentración del NO2 no debe superar los 200 μg/m3 de media en una hora y los 40 μg/m3 de promedio anual.
Durante la cuarentena, científicos del Real Instituto Meteorológico de los países Bajos (KNMI) han utilizado datos del satélite europeo Sentinel-5P para monitorear la contaminación. Así, han confirmado una fuerte reducción en las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2) sobre Madrid, Barcelona, Milán y Paris.
A pesar de que la información muestra un descenso del 24 % de NO2 en Venecia y 55 % en Barcelona, se necesita un análisis más detallado para interpretar y calcular mejor la influencia de las medidas de confinamiento. En otros países del noroeste del continente, como los países Bajos y el Reino Unido, se debe tener en cuenta las inestables condiciones meteorológicas que poseen ya que se ha detectado una mayor variabilidad en las concentraciones.
Efectos negativos
Cabe resaltar que el material particulado y el dióxido de nitrógeno, provenientes de los procesos de combustión —como la calefacción, generación de electricidad y motores de vehículos y barcos que funcionan con diésel— y de aerosoles de nitrato tienen un impacto negativo no solo en el medioambiente, sino también sobre nuestra salud. Estas sustancias nocivas ingresan fácilmente a las vías respiratorias y contribuyen al riesgo de desarrollar incapacidad pulmonar, bronquitis agudas, asma, cáncer de pulmón, así como enfermedades cardiovasculares, entre otras. Al respecto, la OMS estima que, aproximadamente, el 58 % de las muertes prematuras se vinculan a la contaminación atmosférica.

La fauna aparece
Por otro lado, las mediciones de ruido de un grupo de voluntarios del proyecto Smart Citizen —una iniciativa del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya que busca desarrollar nuevos modelos urbanos más eficientes y sostenibles en Barcelona— indican que la contaminación acústica ha bajado en al menos 5 decibeles, lo que equivale al 50 %. Aunque dichos resultados han sido criticados por no poseer rigurosidad científica, debido a que las posiciones y alturas de los dispositivos han sido desiguales, tal es el impacto que insólitamente se escucha el cantar de los pájaros, un suceso que era imposible de acontecer con la calidad de sonido anterior.
Otros espacios físicos y acústicos que han tomado las especies para expresarse han sido las costas. En el mar, los cetáceos y otros animales, que se comunican por medio del sonido, perciben el cese de la actividad humana. Por ello, el acoso que representaba el movimiento en las urbes ya no es un problema debido al aislamiento social; en lugar de eso, propicia impensables apariciones. En algunos casos, se trata de una exploración temporal de la fauna vecina.
Especies dependientes
Por otro lado, en España, por ejemplo, se han visto cabras, jabalíes, pavos salvajes y hasta un oso pardo; en Londres, zorros; en Japón, ciervos; y en Estados Unidos, coyotes en las calles. Se trata de animales que habitan en parques periurbanos y barrios de varias ciudades.
Muchas de esas especies, que han cambiado su comportamiento ante la ausencia de humanos, son dependientes del aporte humano diario. Este ha sido el caso de los ciervos del parque de Nara, en Japón, acostumbrados a ser alimentados por las decenas de miles de turistas que visitan esa ciudad cada ano. Lo mismo sucedió en Gibraltar y Asia con los monos y en Iguazú con los cuatíes.












































