El brote del coronavirus (COVID-19) está impactando profundamente en la industria de los casinos de Estados Unidos. Los empleados de todos los sectores de la industria de los juegos de casino, desde casinos comerciales, tribales y casas de apuestas deportivas hasta la fabricación de equipos de juego, la hospitalidad, los restaurantes y las pequeñas empresas, han sentido las repercusiones de los cierres de propiedades por mandato del gobierno de los Estados Unidos.
Un hecho sin precedentes
En cuestión de días, casinos en 36 estados han cerrado sus puertas. 438 de los casinos comerciales del país (94 % del total de casinos comerciales), más 196 casinos tribales (37 % del total de casinos tribales). Estos 635 cierres representan casi 2 de cada 3 (64 %) de todas las propiedades del juego en el país.
Los cierres de casinos afectan a casi 534 000 empleados de juegos de casino y resorts o el 96 % de la fuerza laboral total de los casinos de Estados Unidos. Los cierres de casinos arriesgan casi 59 000 millones de dólares en salarios totales anuales para los trabajadores y sus familias.
Impacto en las comunidades locales
Según las cifras de la America Gaming Association (AGA), los juegos de casino generan 34.4 mil millones en ingresos tributarios totales anuales. La mitad de los trabajos que respalda la industria son en negocios que no son de juego, como restaurantes y tiendas locales. Todos se verán dramáticamente afectados por el cierre de un casino local. Los juegos de casino son vitales para las pequeñas empresas locales, ya que entregan 52 000 millones anuales en ingresos de pequeñas empresas, incluidas empresas de construcción, fabricación, minoristas y mayoristas.
Gran golpe a la economía nacional
Los juegos de casino son un motor económico para docenas de economías locales, si los 635 casinos permanecen cerrados durante las próximas ocho semanas, le costará a la economía de los Estados Unidos unos 21.3 mil millones en gastos directos de consumo.
El impacto en las empresas de juegos de azar va más allá del piso del casino. Crea una profunda incertidumbre que afecta a casi dos millones de estadounidenses cuyos trabajos están respaldados por los juegos y afecta desproporcionadamente las operaciones de toda la industria hotelera.











































