Desde hace un par de años se puede percibir las consecuencias del cambio climático; sin embargo, el 2020 fue la temporada más caótica. De acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la región que más se vio perjudicada y que vivió de cerca los fenómenos meteorológicos fue América Latina y el Caribe.
La OMM, en su último reporte del Estado del Clima, detalló que la problemática medioambiental “está causando graves daños a la salud, a la vida, a la comida, al agua, a la energía y al desarrollo socioeconómico de la región”. La entidad también especificó que, entre 1998 y 2020, alrededor de 277 millones de personas se han visto perjudicadas por los cambios climáticos.
“La región de América Latina y el Caribe enfrenta y seguirá enfrentando graves crisis socioeconómicas debido a los eventos hidrometeorológicos extremos”, consideró Petteri Taalas, secretario general de la OMM.
En tal sentido, opinó que para asegurar la recuperación es fundamental seguir impulsando el Objetivo de Desarrollo sostenible que señala la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos.

CALENTAMIENTO GLOBAL
Durante los últimos 5 años, es innegable decir que la temperatura se ha acrecentado, de tal manera que se le considera como la más alta registrada en todos los tiempos.
En el informe Unidos en la Ciencia 2021, elaborado por diferentes organismos —como la OMM, Organización Mundial de la salud (OMS) y el Programa Mundial de Investigaciones Climáticas, entre otros—, se prevé que en los próximos 5 años las temperaturas superen temporalmente el umbral de 1.5 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900).
En dicho contexto, se considera que Latinoamérica es una de las regiones en las que se vivirá intensamente los incendios forestales, las olas de calor, el agotamiento de arrecifes de coral y la disminución del rendimiento de los cultivos.
IMPACTO COVID-19
El coronavirus jugó un papel fundamental en el cambio climático. Lo que se creyó que podría ser una oportunidad de crecimiento más ecológico (por la reducción de las emisiones de dióxido de carbono), se ha visto truncado estos últimos meses.
A mediados de setiembre, la OMM informó que se está percibiendo nuevamente un incremento en dichas emisiones, lo que lleva a alejarnos cada vez más de las metas de reducción planteadas anteriormente.
“Las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera se mantienen en niveles sin precedentes y condenan al planeta a un peligroso calentamiento futuro”, se lee en el informe Unidos en la Ciencia 2021.
Es así que la Organización Mundial de la Salud y la OMM explicaron que la combinación de las infecciones causadas por la SARS-CoV-2 y los peligros climáticos, ponen en riesgo la salud de las personas a nivel global, sobre todo en las poblaciones vulnerables.
“Las actividades de recuperación tras la pandemia de la COVID‑19 deben armonizarse con las estrategias nacionales sobre el cambio climático y la calidad del aire a fin de reducir los riesgos derivados de los peligros climáticos agravados y en cascada, así como generar beneficios indirectos para la salud”, aconsejaron.

CONSECUENCIAS CLIMÁTICAS
Para poder recoger algunas conclusiones y hacer seguimiento a las problemáticas ambientales que se vivirán en la región, la ONU lanzó un mapa virtual en el que se detalla que los cambios en los patrones de precipitación, tormentas y el retroceso de los glaciares, serán algunos de los efectos que se percibirán en la zona.
Asimismo, se remarcó que el impacto que se vienen registrando en los últimos años ha sido extremo. Por ejemplo, la reciente intensa sequía en el sur de la Amazonía y la región del Pantanal fue la peor de los últimos 50 años.
“La sequía generalizada tuvo un impacto significativo en las rutas de navegación, el rendimiento de los cultivos y la producción de alimentos, lo que provocó un empeoramiento de la seguridad alimentaria en muchas áreas”, agregó.
De otro lado, para fines de 2020, las intensas lluvias fueron otra problemática, ocasionando deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas en las zonas rurales y urbanas en Centroamérica y América del Sur.
PROBLEMÁTICA AMAZÓNICA
Otro factor que ha sacudido a la región son los incendios en el Amazonas. De acuerdo a la ONU, los desastres climáticos del año pasado superaron a los registrados en el 2019.
A esto se le agrega que en los últimos 4 años se ha visto un incremento en la deforestación de la zona, lo que pone en peligro a los nueve países de América del Sur que la componen y al planeta en general, por almacenar el 10 % del carbono global.
“Si bien todavía es un sumidero neto de carbono, el Amazonas se tambalea y podría convertirse en una fuente de emisión de carbono, si la pérdida de bosques continúa al ritmo actual”, detalló.
La entidad especificó que la deforestación se debió a la degradación producida por los incendios forestales y a la tala para la creación de pastizales para el ganado.

CAMBIOS EN LA REGIÓN
En el mapa virtual de la ONU se aprecia, además de los ciclones tropicales, el aumento del nivel del mar, la temperatura del océano y la desglaciación son otras problemáticas por las que atravesará Latinoamérica y el Caribe.
La alimentación y el acceso a la comida también son de preocupación global. En este punto, se informó que desde iniciada la pandemia, los fenómenos meteorológicos tuvieron un gran impacto en al menos 8 millones de personas en América Central, ocasionando graves problemas en el abastecimiento de alimentos, sumado a la crisis económica, restricciones de la COVID-19 y los conflictos sociales.
“En Guatemala, las condiciones climáticas han contribuido a la pérdida cercana al 80 % de la cosecha de maíz; y en México, el municipio de Cerritos sufrió una baja del 50 % en las cosechas debido a la sequía. Entre los cultivos más afectados estuvieron el sorgo, el girasol y el maíz”, anotó.












































