A causa del cierre total que han sufrido los casinos de Chile desde el 18 de marzo (y que se ha extendido por tiempo indefinido), los ingresos de estas empresas, que además cuentan con hoteles, restaurantes y centros de convenciones, han bajado a cero.
En el sector ya proyectan estar cerrados por otros tres o cuatro meses, lo que también afectará a los gobiernos regionales, porque ellos y varios municipios dependen de los ingresos que las salas de juego generan. Algunos, incluso, obtienen más de un 50 % por esa vía.
Según publicó el medio chileno T13, se estima que los ingresos de los municipios con casino están en el orden de los 20 mil millones de pesos chilenos mensuales. Hay comunas como Viña del Mar, cuyos ingresos caerían en alrededor 7.700 millones mensuales. Por su parte, San Francisco de Mostazal dejaría de percibir cerca de 3.600 millones mensuales.
Además, no sólo son los dueños de esta industria y el estado los que resienten el impacto del COVID-19, ya que se trata de un sector que tiene 9 500 empleados directos y casi 15,000 indirectos, contabilizando proveedores chicos, medianos y grandes que le prestan servicio al sector.
Por esta razón, los empresarios de la industria están presionando para generar cambios regulatorios, que necesariamente requerirían modificaciones legales, según indica T13. A través de una minuta que enviaron a Hacienda, plantean ciertas propuestas como una eventual reducción de impuestos.
Además, desean lograr suspender el proceso de renovación de licencias que comienza ahora y dura más de dos años, porque eso limitaría su posibilidad de acceder a créditos y tener plazos razonables de pagos en la banca.











































