
Fue una ley del Parlamento británico la que dio inicio al impresionante Museo Británico, el primer recinto cultural público de la historia en abrir sus puertas. Actualmente, es uno de los más antiguos y visitados del mundo y el primero en cubrir todos los campos del conocimiento humano. Cada día concentra a más de 15 000 personas y a otras 500 000 de manera online.
La colección se inició con la gran acumulación personal de un médico irlandés de la aristocracia británica llamado Sir Hans Sloane. La misma compilación fue luego comprada por el Estado del Reino Unido junto con las bibliotecas Cotton, Harley y Royal. Ahora esta institución pública, gratuita y abierta a todos es la única que agrupa a todas las culturas del mundo y abarca continentes y océanos.
La historia de su creación es sumamente rica de contar. Miles de investigadores siguen estudiando el fascinante mundo que atesora en su interior.
La mansión Montagu
Fue fundada en 1753, cuando los ideales y los valores de la era de la Ilustración ya se estaban implantando en la sociedad británica. Anteriormente, había sido una mansión a la que llaman Montagu House porque perteneció al duque Ralph Montagu en el siglo XVII. Se construyó en 1677, a cargo del arquitecto Robert Hooke, y fue una de las mejores casas privadas vistas en Londres. Lamentablemente, sufrió un incendió diez años después de haber finalizado su edificación. Se volvió a levantar y, antes de abrirse al público en 1759, fue ampliamente reformada al estilo francés. Pronto, el espacio comenzó a no ser lo suficientemente amplio, por ello, se decidió demoler la casa en 1823; esta vez, para dar paso a un edificio con estilo del renacimiento griego mucho más grande de lo que haya diseñado Sir Robert Smirke en su vida. Ese es el núcleo del recinto que conocemos hoy.
Cuando el museo por fin se puso en funcionamiento, las horas de ingreso eran limitadas; por eso, los visitantes debían solicitar las entradas al recinto con anticipación. En efecto, esto significaba que las personas cercanas a la élite tenían la entrada casi reservada. A ellos, los fideicomisarios y conservadores del museo les daban recorridos personales para enseñarles las colecciones. Solo en 1830 se pudo flexibilizar los horarios gracias a la modificación de algunas regulaciones. Poco a poco, el museo se volvió verdaderamente abierto y de libre acceso para todos.

El coleccionista
Sir Hans Sloane, médico de profesión, había reunido durante su vida valiosos objetos que, después de su muerte, se convirtieron en los primeros cimientos del gran museo. El también presidente de la asociación de científicos de la Royal Society empezó su carrera como coleccionista en 1687 gracias a un viaje a Jamaica al que se embarcó como médico del nuevo gobernador de la colonia, el duque de Albemarle.
Ahí, con la contribución de plantadores ingleses y africanos, reunió más de 800 especímenes de plantas, animales y curiosidades mientras trabajaba como médico en las plantaciones de esclavos, principalmente de la actual Ghana y Costa de Marfil. A su regreso se casó con Elizabeth Langley Rose, heredera de las plantaciones de azúcar en Jamaica, lo que lo ayudó a expandir su capacidad económica. Así, compró numerosas curiosidades naturales y artificiales de los viajeros y de los colonos alrededor del imperio británico, desde América del Norte y las Indias Occidentales hasta el sur y el este de Asia. Sloane había utilizado el desarrollo de redes globales creadas por la expansión imperial para recolectar estos materiales y financió las compras con ingresos derivados, en parte, de la mano de obra esclavizada en las plantaciones de azúcar de Jamaica.
Al final, Sir Hans Sloane había acumulado una gran colección de más de 80 000 rarezas naturales y artificiales con una vasta biblioteca de más de 50 000 libros, manuscritos y grabados; 32 000 monedas y medallas; y un herbario de 334 volúmenes de plantas secas de todo el mundo que ahora están bajo el recaudo del Museo de Historia Natural. Todo su tesoro lo dejó al Rey Jorge II con la condición de que se creara un museo público nuevo y de acceso libre, y que se pagara 20 000 euros a sus herederos.

Reliquias valiosas
Son cerca de 8 millones de objetos los que sumergen a los visitantes a 2 millones de años de historia y cultura, desde pequeñas comunidades hasta vastos imperios. El Museo Británico guarda en sus paredes incalculables formas y expresiones humanas que a lo largo de la existencia han dado diferentes significados a cada aspecto de la vida. Más de la mitad de toda esa colección se puede ver en la base de datos online del portal web del lugar; en total, son más de 60 galerías las que se puede visitar de manera virtual y gratuita.
La antología incluye temarios acerca del deseo, amor, identidad, muerte y memoria. También abarca costumbres milenarias de América, China, África y Europa. Todas esas exhibiciones revelan fascinantes historias ocultas en los objetos. Además se suman exposiciones temporales, publicaciones, charlas de galerías y distintos eventos. Son más de trece hectáreas las que alojan en su interior a las valiosas reliquias, con espacios específicos para cada ocasión. Lo que más sorprende de su infraestructura es La Gran Corte de la Reina Isabel II, una plaza pública cubierta por un techo de vidrio, la más grande del continente.
Hoy en día, los conservadores —en colaboración con los científicos del museo, así como con socios académicos y comunitarios en el Reino Unido y en todo el mundo— continúan adquiriendo objetos y siguen investigando activamente las colecciones, incluida la forma en cómo se adquirieron originalmente.











































