El intercambio autorizado de información se extiende hacia créditos, inversiones, seguros y otros productos, mientras Europa y Brasil se concentran en el desarrollo del Open Finance.
La información financiera de un mismo cliente puede estar repartida entre bancos, aseguradoras, aplicaciones de pago y otras entidades. Cada una conoce una parte de su comportamiento financiero, pero ninguna necesariamente observa el conjunto.
Durante años, esa fragmentación fue parte natural del sistema. La información permanecía principalmente dentro de la institución que la generaba y el cliente debía trasladarla cada vez que quería demostrar sus ingresos, solicitar un producto o contratar un nuevo servicio.
El open banking comenzó a modificar ese sistema. A través de interfaces tecnológicas conocidas como API y con autorización del cliente, permitió que determinados datos bancarios pudieran ser compartidos con terceros autorizados. El cambio abrió espacio para agregadores de cuentas, nuevas aplicaciones financieras, servicios de iniciación de pagos y productos capaces de utilizar información procedente de distintas entidades.
OPEN BANKING Y OPEN FINANCE
El open finance amplía el principio del open banking hacia una porción mucho mayor de la vida financiera. Aparte de la información vinculada con cuentas y pagos, dependiendo de la regulación de cada mercado, pueden incorporarse también datos relacionados con créditos, hipotecas, inversiones, ahorro, seguros o pensiones.
El Bank for International Settlements (BIS) define las finanzas abiertas como un modelo que permite el acceso y uso, con autorización del cliente, de información financiera mantenida por distintas instituciones para desarrollar nuevos servicios y modelos de negocio.
El principio que sostiene esa arquitectura es que una persona debería decidir que determinada información financiera sea utilizada por otro proveedor para recibir un servicio. Eso no significa que sus datos queden abiertos o disponibles para cualquiera. El acceso depende del consentimiento del usuario y de las reglas de seguridad, identificación y gobernanza establecidas en cada jurisdicción.
Una empresa que antes observaba únicamente una cuenta podría, con la autorización correspondiente, construir una fotografía financiera más completa del cliente.
El BIS identifica entre los posibles beneficios una mayor capacidad de decisión del consumidor, más competencia, innovación basada en datos e inclusión financiera. En marzo de 2026, un estudio del organismo sobre experiencias internacionales destacó además el potencial de las finanzas abiertas para conectar información que hoy permanece fragmentada entre distintos proveedores y reducir las asimetrías existentes entre ellos.
EUROPA QUIERE ABRIR MÁS PUERTAS
Europa representa uno de los principales escenarios donde se está definiendo el siguiente paso. La experiencia del open banking desarrollada alrededor de los servicios de pago dejó una infraestructura y un aprendizaje que la Unión Europea busca extender hacia otras áreas financieras.
La propuesta de Reglamento sobre Acceso a Datos Financieros, conocida como FIDA, plantea establecer derechos y obligaciones para compartir información más allá de las cuentas de pago. El alcance propuesto comprende datos relacionados con hipotecas y préstamos, ahorro, inversiones, pensiones y determinados seguros, entre otros productos.
FIDA todavía forma parte del proceso legislativo europeo, por lo que el modelo definitivo puede experimentar cambios. La oportunidad viene acompañada de una pregunta: qué ocurre cuando una mayor cantidad de empresas puede utilizar una fotografía cada vez más detallada de la situación financiera de una persona.
La propia discusión europea ha advertido riesgos como discriminación, exclusión o utilización de información para establecer condiciones diferentes entre clientes. Una mayor capacidad para conocer al usuario puede permitir mejores servicios, pero también decisiones cada vez más precisas sobre quién resulta atractivo para una empresa.
LOS DATOS FINANCIEROS ENTRAN EN EL JUEGO
Esa discusión encuentra un punto de contacto particular con la industria del juego. Los operadores digitales trabajan desde hace años con sistemas de identificación, medios de pago, monitoreo de transacciones, prevención del lavado de activos y herramientas de juego responsable.
Reino Unido ofrece un ejemplo concreto de ese cruce. La Gambling Commission utilizó información procedente de open banking para estudiar el gasto en juego y analizar posibles umbrales vinculados con evaluaciones de vulnerabilidad y riesgo financiero.
El estudio trabajó con información transaccional de 4000 personas que habían autorizado el uso de sus datos para investigación. El conjunto comprendía más de 12 millones de transacciones, de las cuales 253 916 correspondían a operaciones de juego distintas de loterías. El objetivo era analizar cómo determinados niveles de gasto podían ayudar a identificar situaciones que requirieran una evaluación adicional.
El caso permite observar una posibilidad que trasciende al sector financiero tradicional. La apertura de datos puede aportar información para entender mejor determinadas situaciones económicas del jugador, pero ese conocimiento plantea al mismo tiempo interrogantes sobre privacidad, proporcionalidad y consentimiento.
Para el gaming, por tanto, la conversación sobre open finance no se reduce a disponer de nuevas formas de pago. También puede alcanzar áreas como conocimiento del cliente, prevención del fraude, cumplimiento financiero o herramientas orientadas al juego responsable. El desafío será determinar hasta dónde debe llegar ese conocimiento y qué información resulta realmente necesaria para cada finalidad.
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
Si Europa permite observar hacia dónde puede evolucionar la regulación, Brasil muestra cómo las finanzas abiertas pueden convertirse en una infraestructura operativa de gran alcance.
El Banco Central do Brasil define su sistema de Open Finance como el intercambio de datos, productos y servicios entre entidades reguladas, siempre por decisión del cliente respecto de su propia información. El modelo busca estimular la competencia y la innovación y mejorar la eficiencia de los mercados de crédito y pagos.
Para el usuario, las posibilidades ya son concretas. Puede autorizar el traslado de información sobre cuentas, tarjetas, operaciones de crédito o inversiones hacia otra institución y utilizar esos datos para acceder a productos ajustados a su situación financiera. También puede iniciar pagos y transferencias mediante Pix desde una institución diferente de aquella en la que mantiene su cuenta.
El sistema continúa evolucionando. En julio del 2026, el Banco Central publicó una nueva versión de su manual de alcance de datos y servicios que incorpora la portabilidad de crédito, una muestra de cómo estas infraestructuras pueden ampliar progresivamente sus funciones una vez establecidas.
La expansión del open finance dependerá también de la capacidad de los mercados para establecer responsabilidades, estándares de seguridad y límites claros al uso de la información. El avance de Europa y la experiencia de Brasil muestran que el debate ya no gira únicamente alrededor de cuánto puede compartirse, sino de las condiciones bajo las cuales esos datos pueden utilizarse.
O Open Finance amplia as fronteiras do sistema financeiro
O intercâmbio autorizado de informações se estende a créditos, investimentos, seguros e outros produtos, enquanto a Europa e o Brasil se concentram no desenvolvimento do Open Finance.
A informação financeira de um mesmo cliente pode estar repartida entre bancos, asseguradoras, aplicativos de pagamento e outras entidades. Cada uma delas conhece apenas uma parte de seu comportamento financeiro, mas nenhuma observa o conjunto necessariamente.
Durante anos, essa fragmentação foi parte natural do sistema. A informação permanecia predominantemente dentro da instituição que a gerava, e o cliente precisava transferi-la sempre que queria comprovar suas receitas, solicitar um produto ou contratar um novo serviço.
O open banking começou a modificar esse sistema. Por meio de interfaces tecnológicas conhecidas como APIs e com a autorização do cliente, tornou-se possível compartilhar dados bancários específicos com terceiros autorizados. Essa mudança abriu espaço para agregadores de contas, novas aplicações financeiras, serviços de iniciação de pagamentos e produtos capazes de utilizar informações procedentes de diferentes entidades.
OPEN BANKING E OPEN FINANCE
O open finance amplia o princípio do open banking para uma parcela muito maior da vida financeira. Além dos dados vinculados a contas e pagamentos — e dependendo da regulação de cada mercado —, também podem ser incorporadas informações relacionadas a créditos, hipotecas, investimentos, poupança, seguros ou pensões.
O Bank for International Settlements (BIS) define as finanças abertas como um modelo que permite o acesso e o uso, com a autorização do cliente, de informações financeiras mantidas por diferentes instituições para desenvolver novos serviços e modelos de negócio. O princípio que sustenta essa arquitetura é o de que uma pessoa deve ter o poder de decidir se deseja que determinada informação financeira seja utilizada por outro fornecedor para receber um serviço. Isso não significa que seus dados fiquem abertos ou disponíveis para qualquer um. O acesso depende estritamente do consentimento do usuário e das regras de segurança, identificação e governança estabelecidas em cada jurisdição.
Uma empresa que antes observava apenas uma conta poderia, com a devida autorização, construir um panorama financeiro mais completo do cliente.
O BIS identifica, entre os possíveis benefícios, uma maior capacidade de decisão por parte do consumidor, mais concorrência, inovação baseada em dados e inclusão financeira. Em março de 2026, um estudo do organismo sobre experiências internacionais destacou o potencial das finanças abertas para conectar informações que hoje permanecem fragmentadas entre diferentes fornecedores, reduzindo as assimetrias existentes entre eles.
EUROPA QUER ABRIR MAIS PORTAS
A Europa representa um dos principais cenários onde se define o próximo passo. A experiência do open banking desenvolvida ao redor dos serviços de pagamento deixou uma infraestrutura e um aprendizado que a União Europeia busca estender para outras áreas financeiras.
A proposta de Regulamento sobre Acesso a Dados Financeiros, conhecida como FIDA, planeja estabelecer direitos e obrigações para o compartilhamento de informações além das contas de pagamento. O escopo proposto compreende dados relacionados a hipotecas e empréstimos, poupança, investimentos, pensões e determinados seguros, entre outros produtos.
A FIDA ainda faz parte do processo legislativo europeu, motivo pelo qual o modelo definitivo pode sofrer alterações. Essa oportunidade vem acompanhada de uma pergunta: o que ocorre quando uma quantidade maior de empresas pode utilizar um panorama cada vez mais detalhado da situação financeira de uma pessoa?
O próprio debate europeu tem alertado sobre riscos como discriminação, exclusão ou a utilização de informações para estabelecer condições diferentes entre clientes. Uma maior capacidade de conhecer o usuário pode permitir a prestação de melhores serviços, mas também possibilita decisões cada vez mais precisas sobre quem se mostra atraente para uma empresa.
OS DADOS FINANCEIROS ENTRAM NO JOGO
Essa discussão encontra um ponto de contato particular com a indústria do jogo. Os operadores digitais trabalham há anos com sistemas de identificação, meios de pagamento, monitoramento de transações, prevenção à lavagem de dinheiro e ferramentas de jogo responsável.
O Reino Unido oferece um exemplo concreto desse cruzamento. A Gambling Commission utilizou informações procedentes do open banking para estudar os gastos com jogos e analisar possíveis limiares vinculados a avaliações de vulnerabilidade e risco financeiro.
O estudo trabalhou com dados transacionais de 4.000 pessoas que haviam autorizado o uso de suas informações para fins de investigação. O conjunto compreendia mais de 12 milhões de transações, das quais 253.916 não correspondiam a operações de jogos de loterias. O objetivo era analisar como determinados níveis de gastos podiam ajudar a identificar situações que requerem uma avaliação adicional.
O caso permite observar uma possibilidade que transcende o setor financeiro tradicional. A abertura de dados pode fornecer elementos para compreender melhor determinadas situações econômicas do jogador, mas esse conhecimento suscita, ao mesmo tempo, questionamentos sobre privacidade, proporcionalidade e consentimento.
Para o gaming, portanto, a conversa sobre o open finance não se resume a dispor de novas formas de pagamento. Ela também pode alcançar áreas como o conhecimento do cliente, a prevenção de fraudes, a conformidade financeira ou ferramentas voltadas ao jogo responsável. O desafio será determinar até onde deve chegar esse conhecimento e quais informações são realmente necessárias para cada finalidade.
DA TEORIA À PRÁTICA
Se a Europa permite observar para onde a regulação pode evoluir, o Brasil mostra como as finanças abertas podem se converter em uma infraestrutura operativa de grande alcance.
O Banco Central do Brasil define seu sistema de Open Finance como o intercâmbio de dados, produtos e serviços entre entidades reguladas, sempre condicionado à decisão do cliente a respeito de suas próprias informações. O modelo busca estimular a concorrência e a inovação, além de melhorar a eficiência dos mercados de crédito e pagamentos.
Para o usuário, as possibilidades já são concretas. É possível autorizar a transferência de informações sobre contas, cartões, operações de crédito ou investimentos para outra instituição e utilizar esses dados para acessar produtos ajustados à sua situação financeira. Também é possível iniciar pagamentos e transferências por meio do Pix a partir de uma instituição diferente daquela em que mantém sua conta.
O sistema continua evoluindo. Em julho de 2026, o Banco Central publicou uma nova versão do seu manual de escopo de dados e serviços que incorpora a portabilidade de crédito, uma amostra de como essas infraestruturas podem ampliar progressivamente suas funções uma vez estabelecidas.
A expansão do open finance dependerá também da capacidade dos mercados de estabelecer responsabilidades, padrões de segurança e limites claros para o uso da informação. O avanço da Europa e a experiência do Brasil mostram que o debate já não gira unicamente em torno de quanto as informações podem ser compartilhadas, mas sim das condições sob as quais esses dados podem ser utilizados.











































