El Gobierno del Reino Unido, a través del Ministerio de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local, abrió el año pasado una consulta pública sobre la posibilidad de otorgar a las autoridades estratégicas de los alcaldes de toda Inglaterra la potestad de crear impuestos locales para quienes pernoctan en sus territorios. El objetivo declarado es financiar turismo, cultura e infraestructura local mediante cargos al alojamiento. La consulta se cerró el 18 de febrero de 2026.
No se trata de una idea sin precedentes en el propio país. Manchester y Liverpool ya aplican mecanismos similares a través de sus Distritos de Mejora Comercial del Alojamiento, lo que convierte esta iniciativa en una posible extensión de una práctica que crece en Inglaterra.
Turismo, un sector en el Reino Unido que llega con las cuentas en rojo
Bacta advierte que los Centros de Entretenimiento Familiar (FEC, por sus siglas en inglés), presentes en buena parte de los destinos costeros del Reino Unido, llegan a este debate en una posición frágil. Entre 2015 y 2024, la facturación del sector cayó un 25% y las ganancias operativas bajaron un 18% en ese mismo período. A esto se suma una caída adicional del 29% en ganancias operativas solo entre 2023 y 2024, lo que muestra que el deterioro no solo persiste, sino que se acelera.
Estos negocios, en su mayoría pequeñas y medianas empresas, operan en localidades costeras británicas como Brighton, Blackpool o Scarborough, donde la actividad depende del clima, la estacionalidad y la capacidad de gasto del turista nacional. El visitante doméstico que llega con una familia y un presupuesto ajustado es el cliente central de este sector.
El impacto proyectado: números que preocupan
Basándose en evidencia de la Alianza de Turismo, Bacta estima que incluso tasas modestas del nuevo impuesto reducirían las visitas nocturnas entre un 1% y un 2% en las zonas costeras inglesas. Aunque el porcentaje parece menor, su efecto sobre los FEC sería directo: pérdidas anuales de entre 17,7 y 35,4 millones de dólares para estas comunidades, más la afectación de 362 puestos de trabajo.
Allaster Gair, Director de Comunicaciones de Bacta, lo expresa con claridad: «Muchos visitantes de las ciudades costeras son familias con presupuestos vacacionales fijos. Se debe proteger el acceso al ocio y al tiempo familiar, especialmente para quienes tienen menos margen económico». Gair también señala que Bacta está dispuesta a ampliar sus argumentos ante el Departamento y a aportar investigación adicional que sustente su posición.
El precedente que da confianza al sector turismo
Este no es el primer pulso de Bacta con el fisco británico. En noviembre de 2024, la Ministra de Hacienda Rachel Reeves anunció la congelación del Impuesto sobre Juegos de Máquinas en su tasa vigente del 20%. El sector temía un alza hasta el 50%, lo que según Bacta habría forzado el cierre de cientos de locales en todo el Reino Unido.
A eso se suma otra buena noticia: el impuesto al bingo del 10% desaparecerá por completo a partir de abril de 2026, un alivio directo para los FEC que incluyen este tipo de juegos en su oferta.
La pregunta que queda abierta
Con esos resultados recientes como aval, Bacta afronta el debate sobre el impuesto turístico con la misma estrategia: datos concretos, impacto en el empleo y defensa de las comunidades costeras más vulnerables del país. Si el Gobierno aplica el mismo criterio que usó con el impuesto a las máquinas, el sector tiene argumentos para esperar una respuesta favorable. Si no, serán las costas británicas las que paguen parte inesperada de la factura.











































