Una investigación de gran escala realizada en Alemania aporta evidencia concreta sobre algo que los especialistas en salud pública venían advirtiendo desde hace años: la publicidad de juegos de azar no afecta a todos los jugadores por igual. Quienes ya presentan problemas con el juego son significativamente más susceptibles a modificar sus actitudes y conductas tras exponerse a anuncios del sector.
Metodología: casi 4,800 jugadores activos bajo la lupa
El estudio de Alemania encuestó a 4,800 jugadores activos de entre 18 y 70 años, con una edad promedio de 47 años, de los cuales el 57% de los participantes se identificó como hombre. El trabajo de campo se realizó durante el verano de 2021 y los participantes fueron reclutados a través de un panel en línea.
La investigación analizó tres dimensiones del impacto publicitario que los propios encuestados reportaron: los efectos sobre sus actitudes, intereses y comportamientos vinculados al juego; el nivel de conocimiento de la publicidad del sector; y la comprensión de los distintos tipos de juego y proveedores disponibles.
Para clasificar a los participantes según su nivel de vulnerabilidad, el estudio utilizó los criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5), agrupándolos en tres categorías: jugadores sin problemas (0 criterios cumplidos), jugadores de riesgo (entre 1 y 3 criterios) y jugadores con trastorno del juego (4 criterios o más).
El hallazgo central: la publicidad impacta más en quienes ya son vulnerables
En las tres dimensiones analizadas, los participantes clasificados con trastorno del juego reportaron con mayor frecuencia que la publicidad los afectaba, en comparación con quienes no presentaban problemas. La asociación más fuerte se encontró en la dimensión de «participación», que mide los cambios concretos en actitudes o comportamientos relacionados con las apuestas.
El dato más elocuente del estudio es el siguiente: el 36,5% de los jugadores vulnerables afirmó que tiende a apostar después de ver publicidad de juegos de azar. Entre los jugadores sin problemas, esa cifra cayó al 8%. La brecha es reveladora y difícil de ignorar desde una perspectiva regulatoria.
Los modelos estadísticos multivariantes, que controlaron variables como edad y sexo, confirmaron que las puntuaciones más altas en la dimensión de participación fueron los predictores más sólidos de problemas con el juego. Cada incremento en esa categoría multiplicó por 3,8 la probabilidad de presentar algún síntoma del DSM-5, y por 4,8 la de desarrollar un trastorno del juego consolidado.
Hombres jóvenes: el perfil de mayor riesgo
Más allá del efecto de la publicidad, el estudio identificó variables demográficas que, por sí solas, incrementan la probabilidad de desarrollar problemas con el juego. Los hombres mostraron una probabilidad aproximadamente 1,4 veces mayor de presentar algún síntoma de juego problemático, y entre 1,7 y 1,8 veces mayor de desarrollar un trastorno establecido, en comparación con las mujeres.
La edad también resultó un factor determinante, pero en sentido inverso: a mayor edad, menor probabilidad de sufrir daños derivados del juego. Esto coloca a los hombres jóvenes como el grupo demográfico de mayor riesgo y refuerza la necesidad de políticas de prevención que los tengan como destinatarios prioritarios.
El canal importa: internet y redes sociales, los más preocupantes
Si bien el estudio no desglosó los resultados por plataforma publicitaria específica, los autores citaron investigaciones previas que sugieren diferencias importantes según el canal. La publicidad en internet y redes sociales apareció especialmente vinculada a la dimensión de participación, es decir, al cambio efectivo de comportamiento. La televisión, en cambio, mostró mayor relación con la concienciación y el conocimiento general sobre el juego, sin necesariamente traducirse en un impulso inmediato a apostar.
Esta distinción tiene implicaciones directas para el diseño de regulaciones publicitarias: no todos los medios generan el mismo tipo de impacto, y las restricciones deberían contemplar esas diferencias.











































