El devastador sismo de 1755 transformó para siempre Lisboa, pero no consiguió borrar el alma de Alfama, hoy uno de los barrios históricos y culturales más emblemáticos de la capital portuguesa.
Entrar en el barrio de Alfama es entrar en su historia, un laberinto urbano con fachadas cubiertas de azulejos, patios escondidos y balcones repletos de flores, que sobrevivió al devastador terremoto de 1755 y que hoy constituye uno de los mayores tesoros históricos y culturales de Europa.
El visitante recorre sus callejuelas estrechas y empedradas, donde cada casa, pintada en tonos ocres, amarillos y azules, refleja los diversos atractivos turísticos: un mirador desde donde el río Tajo se extiende hasta el horizonte, una guitarra portuguesa que anuncia los acordes del fado que se escapan por una ventana, una escalinata que conduce a un imponente castillo o una pequeña plaza donde el tiempo parece haberse detenido.
El barrio de Alfama, cuyo nombre proviene del árabe Al-Hamma que significa “las fuentes” o “los baños”, continúa respirando la esencia de la capital portuguesa. Cada rincón en Alfama revela, paso a paso, el alma más longeva y auténtica de Lisboa, uno de los asentamientos más antiguos de la península ibérica con una profunda identidad marcada por la ocupación musulmana entre los siglos VIII y XII.
EL TERREMOTO DE 1755
Alfama está construida sobre una colina de terreno rocoso y firme, a orillas del río Tajo, allí donde los fenicios encontraron un puerto seguro para establecerse. Estas características geológicas permitieron que el barrio no sufriera daños considerables durante el nefasto terremoto de 1755 y conservara gran parte de su trazado medieval que todavía narran siglos de historia.
La tragedia fue provocada por un triple desastre: el sismo inicial, un tsunami masivo en el río Tajo y un incendio que duró cinco días, con una alta cifra de mortalidad, paradójicamente, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos. La ciudad quedó destruida en un 85%; obras de arte y más de 70 000 libros se perdieron de forma irreversible, mientras hospitales, conventos y el recién inaugurado teatro de la ópera terminaron reducidos a cenizas.
Recorrer Alfama es caminar por una ciudad dentro de otra, que resistió la catástrofe y preservó gran parte de su identidad. La restauración de conventos, la recuperación de la actividad comercial y portuaria y la vida cotidiana mantienen vivo el espíritu del antiguo barrio marinero, que durante siglos fue hogar de pescadores, artesanos y comerciantes.
La reconstrucción de Lisboa después del terremoto fue dirigida por el poderoso ministro del rey José I, Sebastião José de Carvalho e Melo, conocido como el Marqués de Pombal, quien ordenó ejecutar un plan de recuperación inmediata para retirar rápidamente los escombros, prevenir epidemias y diseñar una ciudad completamente nueva en la zona más devastada, conocida hoy como la Baixa Pombalina.
EL CORAZÓN CULTURAL DE ALFAMA
En lo alto del barrio se alza el Castillo de San Jorge, una de las fortalezas más emblemáticas de Portugal. Desde sus murallas se obtiene una de las panorámicas más impresionantes de Lisboa, donde los tejados rojizos se funden con el inmenso río. Muy cerca se encuentra la Catedral de Lisboa, la iglesia más antigua de la ciudad, construida poco después de la reconquista cristiana en el siglo XII.
Un sonido característico de Alfama es el del fado, género musical declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, que nació entre marineros, tabernas y vecinos del barrio. Cada noche, restaurantes y casas de fado abren sus puertas para que la melancolía portuguesa cobre vida en la voz de sus intérpretes, acompañados por la guitarra lusitana.
La vida cultural de Alfama alcanza uno de sus momentos más intensos durante las Festas de Santo António. Las calles se adornan con guirnaldas de colores, se organizan bailes populares y el aroma de las sardinas asadas invade la celebración. Durante esos días, residentes y visitantes comparten música, gastronomía y tradiciones que se transmiten de generación en generación.
LOS MIRADORES DE ALFAMA
Escenarios privilegiados que permiten comprender por qué este barrio ha inspirado durante siglos a escritores, músicos, fotógrafos y pintores. Entre los lugares más visitados destacan el Mirador de Santa Lucía y el Mirador de las Puertas del Sol, balcones naturales desde donde se contemplan los tejados de Alfama descendiendo hasta el río Tajo.
A diferencia de otras zonas históricas profundamente transformadas por el turismo, Alfama conserva una fuerte identidad vecinal. Sus residentes mantienen vivas antiguas costumbres, pequeños comercios familiares tradicionales y celebraciones comunitarias que convierten cada rincón en una muestra del patrimonio cotidiano portugués.
Alfama representa la memoria viva de Lisboa. Sus piedras y sus calles cuentan la historia de una invasión, de terremotos, navegantes y músicos. Casi tres siglos después del terremoto de 1755, continúa invitando a perderse entre sus callejones para descubrir que, en ocasiones, el verdadero viaje consiste simplemente en escuchar cómo una ciudad recuerda su pasado y su legado.
REPORTAJE TURISMO
ALFAMA, O BAIRRO QUE SOBREVIVEU AO TERREMOTO
O devastador terremoto de 1755 transformou Lisboa para sempre, mas não conseguiu apagar a alma de Alfama, hoje um dos bairros históricos e culturais mais emblemáticos da capital portuguesa.
Entrar no bairro de Alfama é como mergulhar na sua história. Um labirinto urbano com fachadas revestidas de azulejos, pátios escondidos e varandas repletas de flores, que sobreviveu ao devastador terremoto de 1755 e que hoje constitui um dos maiores tesouros históricos e culturais da Europa.
O visitante percorre suas ruas estreitas e calcetadas, onde cada casa, pintada em tons de ocre, amarelo e azul, se conecta às suas diversas atrações turísticas: o mirante com vista para o rio Tejo que se estende até o horizonte, a guitarra portuguesa que anuncia os acordes do fado que escapam janela fora, a escadaria que conduz a um imponente castelo ou uma pequena praça onde o tempo parece ter parado.
O bairro de Alfama, cujo nome deriva do árabe Al-Hamma, que significa “as fontes” ou “os banhos”, continua a respirar a essência da capital portuguesa. Cada canto de Alfama revela, passo a passo, a alma mais antiga e autêntica de Lisboa — um dos assentamentos mais antigos da Península Ibérica, comuma identidade profunda marcada pela ocupação muçulmana entre os séculos VIII e XII.
O TERREMOTO DE 1755
Alfama está construída sobre uma colina de terreno rochoso e firme, às margens do rio Tejo, onde os fenícios encontraram um porto seguro para se estabelecerem. Essas características geológicas permitiram que o bairro não sofresse danos consideráveis durante o devastador terremoto de 1755 e preservasse o seu traçado medieval, que ainda hoje conta séculos de história.
A tragédia foi provocada por um triplo desastre: o terremoto inicial, um tsunami gigantesco no rio Tejo e um incêndio que durou cinco dias — com um elevado número de mortos no dia 1º de novembro, paradoxalmente, o Dia de Todos os Santos. A cidade ficou 85% destruída; obras de arte e mais de 70.000 livros foram irremediavelmente perdidos, enquanto hospitais, conventos e o recém-inaugurado teatro de ópera terminaram reduzidos a cinzas.
Explorar Alfama é como caminhar por uma cidade dentro de outra cidade, que resistiu à catástrofe e preservou grande parte de sua identidade. A restauração de conventos, o restabelecimento da atividade comercial e portuária e a retomada da vida cotidiana mantêm vivo o espírito do antigo bairro dos marinheiros, que durante séculos foi lar de pescadores, artesãos e comerciantes.
A reconstrução de Lisboa após o terremoto foi liderada pelo poderoso ministro do Rei D. José I, Sebastião José de Carvalho e Melo, conhecido como Marquês de Pombal. Ele ordenou a implementação imediata de um plano de recuperação para remover rapidamente os escombros, prevenir epidemias e projetar uma cidade completamente nova na área mais devastada, hoje conhecida como Baixa Pombalina.
O CORAÇÃO CULTURAL DE ALFAMA
No topo da colina ergue-se o Castelo de São Jorge, uma das fortalezas mais emblemáticas de Portugal. Das suas muralhas, pode-se desfrutar de uma das vistas panorâmicas mais deslumbrantes de Lisboa, onde os telhados avermelhados se fundem com o vasto rio. Nas proximidades, encontra-se a Catedral de Lisboa, a igreja mais antiga da cidade, construída pouco depois da reconquista cristã, no século XII.
Um som característico de Alfama é o do fado, gênero musical declarado Patrimônio Cultural Imaterial da Humanidade pela UNESCO, que teve a sua origem entre marinheiros, tabernas e moradores do bairro. Todas as noites, restaurantes e casas de fado abrem as suas portas para que a melancolia portuguesa possa ganhar vida e manifestar-se nasvozes de seus intérpretes, acompanhados pela guitarra portuguesa.
A vida cultural de Alfama atinge um dos seus momentos mais intensos durante as Festas de Santo António. As ruas são enfeitadas com grinaldas coloridas, organizam-se danças populares e o aroma das sardinhas assadas invade a celebração. Durante esses dias, moradores e visitantes compartilham música, gastronomia e tradições transmitidas de geração em geração.
OS MIRANTES DE ALFAMA
Estes são cenários privilegiados que permitem compreender por que esse bairro inspirou escritores, músicos, fotógrafos e pintores durante séculos. Entre os lugares mais visitados, destacam-se o Mirante de Santa Luzia e o Mirante das Portas do Sol — “varandas naturais” de onde se podem contemplar os telhados de Alfama que descem até ao rio Tejo.
Ao contrário de outras zonas históricas profundamente transformadas pelo turismo, Alfama conserva um forte sentido de comunidade. Os seus habitantes mantêm vivos os costumes antigos, os pequenos negócios familiares tradicionais e as festas comunitárias que transformam cada canto em um retrato do patrimônio português do dia a dia.
Alfama representa a memória viva de Lisboa. As suas pedras e ruas contam a história de invasões, terremotos, navegantes e músicos. Quase três séculos depois do terremoto de 1755, continua a convidar a perder-se nas suas ruelas e a descobrir que, por vezes, a verdadeira viagem consiste simplesmente em escutar como uma cidade se lembra do seu passado e do seu legado.











































