Joe Biden asumió el miércoles 20 de enero como el 46º presidente de los Estados Unidos. En su discurso de investidura afirmó que “la democracia ha prevalecido”, debido a que días anteriores un grupo de manifestantes que apoyaba a Donald Trump invadió el Capitolio, lo que hacía sospechar que en el día de la juramentación podría volver a repetirse.
Sin embargo, la investidura se logró realizar en “un día histórico y de esperanza, de renovación y resolución”. Biden no perdió ni un minuto e inmediatamente, después de jurar como mandatario, firmó una decena de órdenes ejecutivas que revierten, la mayoría de ellas, las medidas de la administración de Donald Trump. En este informe detallaremos todas las acciones que el hombre más poderoso del mundo ha tomado y tomará frente a la pandemia de la COVID-19 y en el escenario internacional.
NUEVOS CAMBIOS
Regresar a la Organización Mundial de la Salud (OMS), en medio de una pandemia que continúa azotando al mundo, ha sido una de las primeras promesas que Biden ha cumplido. La nueva administración estadounidense se reincorporó el jueves 21 a esta organización, garantizando su apoyo y elogiando el papel de su secretario general en la lucha contra la pandemia. Afirmó que “Estados Unidos está dispuesto a trabajar en colaboración y solidariamente para apoyar la respuesta internacional a la COVID-19, atenuar su impacto en el mundo, reforzar nuestras instituciones, hacer que avance la preparación ante futuras epidemias y mejorar la salud y el bienestar de todos los pueblos del mundo”.
De igual manera, Joe Biden firmó una orden ejecutiva para regresar a EE. UU. al Acuerdo de París, una acción que tiene como objetivo devolver a Washington el liderazgo en la lucha contra el cambio climático. Esta orden convierte al país de nuevo en miembro del Acuerdo.
El nuevo gobierno demócrata suspendió también el veto de entrada a Estados Unidos a extranjeros de 11 países musulmanes, revirtiendo una de las primeras decisiones de Trump al llegar a la Casa Blanca, en enero del 2017. Retomará la protección de los dreamers, acogidos al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés), que protege de la deportación a unos 700 000 jóvenes inmigrantes. Biden ha enviado un ambicioso proyecto de ley el mismo miércoles 20 al Congreso que, de aprobarse, sería la mayor reforma migratoria desde la presidencia de Ronald Reagan, que legalizó a tres millones de indocumentados.
El plan, denominado Ley de Ciudadanía de los EE. UU. del 2021, aspira a gestionar de manera responsable la frontera, proteger a familias y comunidades, y administrar mejor la migración en el país, con el fin de regularizar a los 11 millones de migrantes irregulares.
Dentro de las últimas medidas que se han tomado, se destaca la paralización inmediata de la construcción del muro con México y puso fin a la declaración de emergencia nacional que en su momento sirvió de base a Trump para desviar fondos federales a la construcción del muro.

MEDIDAS ANTE LA PANDEMIA
Respecto a su estrategia nacional contra la COVID-19, enfermedad que ha cobrado ya más de 400 000 muertes en EE. UU., Biden ha hablado del plan como un “esfuerzo a gran escala de tiempos de guerra”. Su principal objetivo es acelerar la campaña de vacunación y las pruebas de diagnóstico para frenar la propagación del nuevo coronavirus. Por ello, decidió aumentar los suministros de vacunación comprando 200 millones de dosis adicionales de vacunas contra el nuevo coronavirus de los laboratorios norteamericanos Pfizer y Moderna. De esta manera, tendrá suficiente para inocular a 300 millones de personas para el final del verano (fines de setiembre).
También aprobó la exigencia de mascarillas protectoras para quienes viajen en trenes, aviones y autobuses, así como la imposición de exigir a los viajeros internacionales que proporcionen el resultado negativo de una prueba COVID-19 antes de viajar a EE. UU.
Los que lleguen desde el extranjero al país realizarán una cuarentena. Pero eso solo aplica para algunas naciones. Ante la expansión de la pandemia, el presidente estadounidense reimpuso, en la última semana de enero, las restricciones de los viajes a EE. UU. desde los países de la zona Schengen, el Reino Unido y Brasil. Biden firmó una orden ejecutiva para mantener esas limitaciones, de las que están eximidos los ciudadanos estadounidenses, y agregó a Sudáfrica a esa lista de naciones.
Además, planea impulsar un plan de 1.9 billones de dólares para estimular la mayor economía del mundo, debilitada por la crisis sanitaria. Si el Congreso lo aprueba, el presidente destinará a los estadounidenses 1400 dólares a través de pagos directos. El plan también incluye 415 000 millones de dólares para impulsar la aplicación de la vacuna contra el coronavirus, así como 440 000 millones de dólares en apoyos para las pequeñas empresas.
RELACIONES INTERNACIONALES
Después de cuatro años de profunda polarización política, el ascenso de Joe Biden como presidente ha sido saludado por varios países de todo el mundo. Ahora se asoma una nueva etapa en su vínculo con Latinoamérica, en base a su experiencia en la región y sus diferencias con su antecesor.
Mark Feierstein, quien dirigió los asuntos regionales en la Casa Blanca de Barack Obama y es próximo al círculo de Biden, declaró que “se elevarán temas olvidados en los últimos cuatro años”. Si bien sus principales objetivos son hacerle frente a la pandemia y recuperar su economía, Biden retomará las relaciones internacionales que mantiene con otros países.
Por ejemplo, con Venezuela, Feierstein asume que se mantendrán sanciones a individuos por corrupción y abusos de derechos humanos, pero “podrían revisar las sanciones económicas para asegurar que avanzan al objetivo de una transición democrática, en vez de solo imponer dolor al pueblo”.
Antony Blinken, nominado por Biden como secretario de Estado, dijo a fines de enero que EE. UU. seguirá reconociendo al líder opositor venezolano Juan Guaidó como presidente interino de su país en lugar de Nicolás Maduro, a quien calificó de “dictador brutal”.
También se avizoran posibles discrepancias en algunos casos, ya que hay mandatarios en la región que tienen diferentes ideales a los de Biden. Por ejemplo, el problema del cambio climático puede ser aplaudido por algunos gobiernos de Latinoamérica, pero para otros pueden ser perjudiciales, como es el caso de Brasil.
Antes de las elecciones en EE. UU., el presidente Jair Bolsonaro rechazó como “amenazas cobardes” una idea de Biden de ofrecer a Brasil un fondo de 20 000 millones de dólares para que detenga la deforestación amazónica.
Tanto Bolsonaro como su par de México, Andrés Manuel López Obrador, desarrollaron buenas relaciones con Trump y demoraron en reconocer el triunfo de Biden en noviembre. Sin embargo, los líderes de las dos mayores economías latinoamericanas expresaron su voluntad de trabajar con Biden tras su asunción.
Es razonable esperar por parte de Biden una mayor inversión en la cooperación internacional sobre cuestiones en las que Trump mantuvo posturas unilaterales, como la lucha contra la COVID-19 a través de la Organización Mundial de la Salud, el compromiso hacia la limitación de las armas estratégicas a través de la cooperación con Rusia o la creación de reglas económicas mundiales más justas, a través de la cooperación con China.












































