Personas desempleadas y empresas quebradas o al borde de la quiebra fue el panorama que nos dejó los primeros meses de la pandemia en Latinoamérica. Un efecto que se extendió a diversas actividades comerciales como es el caso de la industria de los juegos de suerte y azar.
La mayoría de salas y casinos tuvo que cerrar sus puertas en marzo para retomar su operación entre setiembre y diciembre (algunos establecimientos, como en el caso de Perú, fueron los últimos en abrir). Pero el daño ya estaba hecho.
Conforme pasaban las semanas la crisis se acentuaba y diversos gremios tuvieron que unirse en bloque para buscar alternativas que atenúen este fuerte golpe financiero.
NUEVO CIERRE
A penas a los dos meses desde que empezaron las medidas de confinamiento en México ya se proyectaba pérdidas por más de 38 000 millones de pesos en la industria del entretenimiento (casinos, cine y teatros). Y aunque al principio se esperaba una caída del 30 % en los ingresos del sector del juego, con el pasar de los meses, se estimaba que a finales del 2020 el país solo generaría el 40 % o 50 % de lo presupuestado. Un dato negativo para una industria que mueve 5000 millones de pesos al año y 2000 millones extras en los estados y municipios. Además, los juegos de suerte y azar en México representan el 0.5 % de PBI.
Si bien a partir de setiembre empezaron a abrirse los primeros establecimientos, en algunos estados del país, como Nuevo León, Yucatán y la Ciudad de México, entre finales de diciembre y principio de enero nuevamente se tuvieron que cerrar los casinos. Todo ello como consecuencia al aumento de casos positivos de COVID-19. En el caso del país azteca —que se maneja bajo un semáforo epidemiológico—, el color es el que determina el nivel del riesgo. Por ejemplo, una ciudad que presente un semáforo rojo, tendrá que implementar una cuarentena estricta.

MÁS RESTRICCIONES
Colombia tampoco la pasó nada bien. La paralización del sector provocó un costo de 1.4 billones de pesos (383 millones de dólares). De ese monto, 180 000 millones de pesos (49 millones de dólares) se dejaron de transferir al sector salud.
Durante todo este camino, los empresarios se unieron de igual forma para poder trabajar en un protocolo que garantice su regreso a la actividad bajo todas las medidas de seguridad. A esto se le agregó el haber logrado que se emprendan algunas acciones por parte del Gobierno para que el sector pueda empezar a recuperarse.
Y si bien su regreso a la actividad fue más que auspicioso, las nuevas restricciones implementadas en algunas ciudades las últimas semanas, están haciendo retroceder este avance, poniendo nuevamente contra las cuerdas a esta industria (los detalles sobre este punto se abordarán ampliamente en otro artículo).
SITUACIÓN CRÍTICA
Tal vez Perú presentó uno de los cierres más largos del sector. Fueron alrededor de nueves meses, en los que las salas y casinos permanecieron sin operación. Tiempo que afectó enormemente no solo a los empresarios sino a los trabajadores que forman parte de esta industria: más de 80 000 personas que laboran de forma directa y cerca de 150 000 de forma indirecta.
Cuando en diciembre se empezaban a dar los primeros pasos en la reapertura, el peligro de una segunda ola generó que el Gobierno dicte algunas medidas en enero, como la ampliación del toque de queda y la reducción del aforo en los establecimientos.
Sin embargo, los casos continuaron en aumento, por lo que el presidente Francisco Sagasti endureció las medidas y decretó una cuarentena obligatoria, desde el 31 de enero al 14 de febrero, en 10 regiones del país (incluida Lima). Con esta disposición se cierran nuevamente todas las actividades de casinos, gimnasios y artes escénicas. Una vez más el sector del juego entra a una etapa crítica.

GRANDES DESAFÍOS
El tiempo de los casinos sin actividad en Chile fue similar a la de Perú: las salas estuvieron cerradas durante ocho meses. En Iquique, Arica, Coquimbo, Puerto Varas, Viña del Mar, Pucón y Puerto Natales se estima que se perdió 15 000 millones de pesos en los primeros meses (19 millones de dólares). Por su parte, la Cadena Enjoy reportó pérdidas por más de 100 millones de dólares en el primer semestre del 2020.
Sin embargo, luego de su apertura en noviembre (en comunas que se encontraban en fase 3 y 4), los números se mostraron favorables.
Según las cifras de dicho mes dadas a conocer por la Superintendencia de Casinos de Juego, once casinos que aportaron en impuestos 1291 millones de pesos (más de 1.8 millones de dólares). De ese monto 513 millones de pesos corresponden al impuesto específico al juego, destinados a los gobiernos regionales y municipalidades para el financiamiento de obras de desarrollo. Además de la suma se destinó 682 millones de pesos asociados al pago de IVA y 96 millones de pesos correspondientes al impuesto por entrada a las salas de juego, que se destinan a los fondos generales de la Nación.
El impacto de la pandemia se hizo notar, de igual forma, debido a que, en comparación del mismo periodo del 2019, se recaudó un 43.6% menos.
CAMINO A LA RECUPERACIÓN
En Argentina, existen alrededor de 200 000 familias que viven de la actividad de los juegos de suerte y azar. Y al igual que en otros países el retorno de las operaciones se dio progresivamente en algunas provincias.
Durante noviembre, mes en el que se abrieron gran parte de las salas en el país, el Instituto Provincial de Juegos y Casinos de Mendoza habría recaudado 119 millones de pesos (1.4 millones de dólares). La cifra es inferior a lo registrado en mismo mes del 2019, cuando se alcanzó los 334 millones de pesos (4 millones de dólares).
La Pampa fue la provincia que empezó su recuperación más rápido en comparación con el resto. En solo algunas semanas sus ventas se ubicaron 40 % por arriba de lo conseguido previo a la pandemia. Tanto la Quiniela como el Telebingo fueron los juegos que impulsaron este crecimiento.
Al igual de lo que pasó en Perú, el resto de la región se encuentra en suspenso por las consecuencias que pueda generar esta segunda ola y el regreso de las medidas de confinamiento que frenaría nuevamente las operaciones del sector. Un escenario que sería peor al del 2020.












































