Davos, una apacible localidad suiza al pie de los Alpes, ha dejado su esencia turística por una más esperanzadora. Este resort predilecto por deportistas de montaña y amantes de la nieve se convirtió, entre el 22 y el 27 de mayo, en sede de un cónclave necesario: el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés).
A esta cumbre —la primera en realizarse de modo presencial desde 2020— arribaron jefes de Estado de 50 países, líderes de entidades financieras, ejecutivos de firmas corporativas y representantes de la sociedad civil. En resumen, cerca de 2200 expertos ensayando soluciones al presente de la economía global.
La agenda abordó las acciones ante una posible recesión mundial. Un escenario causado por la guerra entre Rusia y Ucrania, las pérdidas post pandemia —con nuevas restricciones en China y Estados Unidos—, tasas de inflación elevadas por desequilibrios entre la oferta y la demanda, y el golpe del cambio climático.
NIVELES HISTÓRICOS
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), y una de las voces autorizadas en la materia, minimizó el riesgo de una recesión en la zona euro. Ello debido a los niveles mínimos de desempleo (6.8 % en febrero), los ahorros en los hogares y la perspectiva de un verano positivo para el turismo.
La experta considera que esto ayudará a compensar los efectos negativos de la guerra y una inflación récord: 7.5 % en marzo. La principal causa ha sido el inusual incremento de los precios de la energía —un 45 % por encima del nivel de hace un año— al reiniciarse la incursión bélica rusa en marzo.
A pesar de ello, la experta se mostró optimista al observar la actividad en Europa. “Todavía aguanta bien”, dijo, y agregó que este bloque podría experimentar un “crecimiento significativo” este año, en especial, si se considera que la zona euro culminó el último trimestre de 2021 con un crecimiento de 0.3 %.

REVISIÓN POSITIVA
Desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) el panorama luce aún volátil. Esta entidad presidida desde 2019 por Kristalina Georgieva ha revisado sus proyecciones iniciales de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) con una ligera tendencia a la baja debido a factores como el conflicto entre Rusia y Ucrania.
En enero último había anticipado que la economía mundial avance a 4.4 % para el 2022 y a un 3.8 % para el próximo año. A inicios de mayo, no obstante, publicó su último reporte de Perspectivas de la Economía Mundial, informe que recoge una visión macro y detallada de las principales economías del globo.
Tras verificar sus pronósticos, esta organización reajustó el crecimiento global a 3.6 % para el bienio 2022-2023, mientras que para la Unión Europea (UE) tales expectativas fueron recortadas un 1.1 %, pasando de 3.9 % previsto en enero a un 2.8 %; y con una ligera reducción de 2.5 % a 2.3 % para el próximo año.
CRISIS ENERGÉTICA
El impacto de la guerra en el este de Europa y las sanciones declaradas a Rusia, factores analizados por el reporte del FMI, es materia necesaria de cuantificar. En especial, porque Rusia es un importante proveedor de petróleo, gas y metales, y, junto a Ucrania, dominan la producción de trigo y maíz.
La escasez de estas materias primas ha disparado los precios afectando a países importadores en el Viejo Continente, el Cáucaso Asia central, Oriente Medio, el norte de África y la región subsahariana. El efecto dominó del alza ha perjudicado a otras regiones del mundo como América y del resto de Asia.
Ambos países avizoran cifras desalentadoras. Este año Ucrania sufriría una severa caída (33 %) en su PBI, mientras que la nación más extensa del mundo enfrentará una profunda contracción de 8.5 % debido a las sanciones impuestas, entre ellas, la reducción a las importaciones de recursos energéticos.

UNA LENTA EVOLUCIÓN
Irónicamente la crisis bélica ha abierto otras chances más positivas. Algunos de estos efectos indirectos se han traducido en mercados mundiales para productos básicos, nuevos vínculos comerciales directos, crecientes remesas hacia Rusia y Ucrania, ayudas humanitarias y políticas de impacto social.
Un factor clave ante el desplazamiento de cerca de cinco millones de ucranianos hacia países vecinos como Polonia, Rumania, Moldova y Hungría que exacerbará las presiones económicas en la zona. Otras formas son la propagación de una red de producción transfronteriza y los mercados financieros.
Y aunque los efectos de la guerra han resentido a todas las economías, los países exportadores de materias primas lograron beneficiarse del alza de los precios de los recursos energéticos y alimentarios. No sucedió lo mismo con los índices de inflación, una de las mayores preocupaciones discutidas en Davos.
¿TASAS BAJO CONTROL?
Ante este escenario, el FMI prevé una inflación del 5.7 % en economías avanzadas (Estados Unidos, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos o Reino Unido) y de 8.7 % en mercados emergentes (China, Rusia, Brasil, India y México) y en desarrollo. Las estimaciones en enero pasado reflejaban un 1.8 % y 2.8 %, respectivamente.
Al igual que otros indicadores, un gradual descenso de la inflación depende de una serie de factores externos y concatenados. Se sabe que el conflicto ruso-ucraniano mantendrá su severo impacto en los precios del petróleo y la gasolina este año, mientras que los alimentos serán afectados hasta inicios del 2023. Otro desencadenante radica en la incertidumbre geopolítica en la distribución de materias primas en un contexto de persistentes presiones globales en las cadenas de suministro. También en los rebrotes de la COVID-19 en economías productoras y consumidoras fuera de Europa como China o Estados Unidos.

DÍAS DE PANDEMIA
La crisis sanitaria se ha convertido en una pesadilla constante para el gigante asiático. Hace poco la reaparición del virus obligó a confinar a los 26 millones de habitantes de Shanghái, su capital financiera, y paralizar la operación de negocios y empresas locales dentro de su política “COVID cero”.
Mientras la nueva pandemia afectó el consumo interno, la producción industrial, demanda energética y traslado de mercancías lo hizo a nivel externo. Según Fitch Ratings el comercio internacional chino sufrió un evidente freno pasando de un crecimiento interanual de 5.8 % en marzo a apenas 0.1 % en abril.
La firma calificadora de crédito redujo también su pronóstico del PBI para 2022: 4.3 %, cuando se había previsto un 4.8 %. Las cifras del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sitúan el crecimiento de China —el gran ausente en Davos— en un 4.5 %.
UN “ATERRIZAJE SUAVE”
Al otro lado del mundo, el avance del PBI en Estados Unidos alcanzaría un 2.6 % este año, una caída a los 5.7 % registrados en 2021, según el DESA. Janet Yellen, secretaria del Tesoro de ese país, centró sus temores para la economía global a partir de la guerra en Europa y la pandemia de COVID-19.
“Existe la posibilidad de que continúe la volatilidad y la desigualdad del crecimiento global a medida que los países continúan lidiando con la pandemia”, indicó la funcionaria alertada por los casos reportados del virus. Además, la inflación en Estados Unidos registraría el nivel más alto en cuatro décadas.
Viendo este panorama, Yellen espera un crecimiento sólido en 2023 a pesar de la subida a los precios al consumidor. Un “posible aterrizaje suave”, en su opinión, podría darse aun cuando la Junta de Reserva Federal (FED) hayan aumentado las tasas de interés y se discuten nuevas sanciones hacia Rusia.

LA COPA DE TODOS
El fútbol, otro dinámico motor de la producción global, podría aportar una cuota de mejoría. El emir catarí Tamim bin Hamad Al Thani y Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), responsables de Qatar 2022, destacaron la integración económica y social del evento. Desde Davos, los organizadores de la justa futbolística confían en que unos 5000 millones de aficionados (asistentes y televidentes) de todas partes disfruten de este certamen. Todo un récord para un evento previsto en fechas inusuales (entre el 21 de noviembre y 18 de diciembre) y, por primera vez, en tierras árabes.
La expectativa es tan alta que la selección que se corone entre las 32 participantes obtendrá un premio de 42 millones de dólares. Se espera que la reactivación gradual de la economía pueda fortalecer el sistema de cooperación internacional que, por ahora, enfrenta los mayores riesgos desde la Segunda Guerra Mundial.











































