El Ayuntamiento de Barcelona ha elaborado una estrategia para impedir la apertura de nuevas casas de apuestas en la ciudad. Mediante un plan especial urbanístico, el Consistorio establece que cualquier nuevo local de juego que quiera abrir en la ciudad esté a 800 metros de todo tipo de centros educativos (de guarderías a universidades), a 450 de bibliotecas, servicios sociales, centros cívicos, casales de jóvenes, centros de ocupación (SOC) o cualquier centro de salud. El resultado es que, de facto, será imposible la apertura de estos establecimientos en la ciudad.
La comisión de Gobierno del Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado este jueves el plan especial urbanístico con el que se obstaculiza la apertura de las casas de apuestas y los locales de juegos de azar. El Consistorio entiende que con estas medidas protege a los colectivos más vulnerables respecto de un “juego problemático o patológico”. La concejal de Salud, Gemma Tarafa, ha añadido además que si uno de los negocios existentes cierra o pretende ampliarse no podrá volver a abrir si no cumple con las distancias ahora establecidas con el nuevo plan.
La alcaldesa de la ciudad española, Ada Colau, ha admitido que no puede regular el juego, pero que el Consistorio si tiene competencias urbanísticas y gracias a la nueva regulación ha hecho casi imposible que se pueda abrir una nueva sala de apuestas en la ciudad. En octubre del 2019, Colau suspendió durante un año la admisión de peticiones de apertura de nuevos establecimientos de juego. Entonces, en la ciudad de Barcelona había 35 salones de juego, 17 bingos y un casino que continuaron desarrollando su actividad.
El equipo de Gobierno municipal anunció, entonces, que a raíz de la suspensión de nuevas aperturas de estos negocios comenzaba a redactar un plan especial urbanístico para cortar de raíz la proliferación de estos establecimientos. A día de hoy hay dos casinos menos en la ciudad, pero el resto de los establecimientos de azar continúa en las mismas cifras.











































