La industria del juego en el Perú, se consolida como una fuente de financiamiento relevante para el turismo. Según Fernando Calderón Castro, presidente de la Sociedad Nacional de Juegos de Azar (SONAJA), el sector genera más de 33 millones de dólares destinados a la promoción y el desarrollo turístico del país, un aporte que proviene tanto de los establecimientos presenciales como de las plataformas de juego en línea.
El ejecutivo realizó estas declaraciones en el marco de una entrevista con el sitio especializado Turiweb, donde ofreció un panorama detallado sobre la situación actual del sector, su contribución fiscal y los desafíos regulatorios que enfrenta.
La recaudación total del sector alcanzó los $124 millones en 2025
De acuerdo con Calderón Castro, la recaudación total de la industria del juego en el país llegó a aproximadamente $124 millones de dólares durante 2025, lo que evidencia la creciente relevancia económica de esta actividad a nivel nacional. Los ingresos provienen del impuesto aplicado a los casinos y tragamonedas presenciales, así como de las plataformonline.do.
Una parte de esa recaudación es distribuida parcialmente al Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), que la destina a acciones de promoción, desarrollo de infraestructura y fiscalización en el sector turístico.
A pesar de estas cifras, Calderón Castro advirtió que el subsector presencial enfrenta una contracción sostenida, con una reducción en el número de locales operativos y niveles de ingresos aún por debajo de los registrados en el período previo a la pandemia.
Cómo se distribuyen los ingresos: diferencias entre el juego presencial y el online
El esquema de distribución de la recaudación varía según la modalidad de juego. En el caso de los casinos y tragamonedas presenciales, el 60% de lo recaudado se destina a las municipalidades provinciales y distritales donde operan los establecimientos, mientras que el 15% corresponde al Mincetur, el 10% al I IPD y el 15% restante al Tesoro Público.
En el segmento del juego en línea, la distribución responde a una lógica diferente. El 40% de la recaudación se asigna al Mincetur, el 20% financia programas de salud mental, otro 20% se destina al IPD y el 20% final al Tesoro Público. Esta estructura refleja una priorización distinta en el uso de los recursos, con mayor peso en la prevención de daños asociados al juego digital.
El sector alerta sobre la «sobrerregulación tributaria» y sus consecuencias
El principal foco de preocupación que identificó Calderón Castro es lo que el sector denomina sobrerregulación tributaria. En concreto, apuntó a la aplicación del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a ambas modalidades de juego —presencial y en línea— como una medida que calificó de antitécnica, especialmente considerando que los operadores ya tributan a través del impuesto especial al juego.
«Técnicamente están mal diseñados y lo que va a generar es matar la industria, a sus ingresos y a los puestos de trabajo. Aquellos países que han sobrerregulado la actividad en impuestos han reducido sus ingresos, pero lo que ha crecido es el juego ilegal», advirtió el presidente de SONAJA.
El razonamiento que sostiene esta postura es que una carga fiscal excesiva no elimina la demanda por parte de los consumidores, sino que los incentiva a migrar hacia plataformas extranjeras que operan al margen de la regulación. El resultado sería una reducción de la recaudación formal del Estado y un freno al proceso de formalización del sector.
El juego como motor del turismo de entretenimiento
Más allá del debate tributario, Calderón Castro destacó el papel que cumple la industria del juego dentro del turismo de entretenimiento en el país. Señaló que la oferta de casinos actúa como un atractivo para visitantes extranjeros en destinos específicos, siendo Tacna uno de los ejemplos más representativos: turistas provenientes de países vecinos eligen ese destino, en parte, motivados por la disponibilidad de establecimientos de juego.
Esta dinámica posiciona a la industria no solo como un contribuyente fiscal, sino como un componente activo en la generación de flujo turístico y consumo local en regiones que dependen del turismo como eje de su economía.











































