La combinación de reglas claras, supervisión técnica y una transición acelerada hacia la formalidad está impulsando crecimiento, innovación y mayor recaudación. El país cuenta con un marco normativo que ordena tanto el segmento presencial como el digital.
El mercado del juego en Perú vive un punto de inflexión. Con 34,5 millones de habitantes y un universo estimado de 2,3 millones de jugadores activos entre los canales presencial y digital, el país ha logrado construir un entorno regulatorio que destaca por su claridad, predictibilidad y efectividad. La regulación de las apuestas deportivas y el juego online, sumada a la estructura normativa ya consolidada del sector presencial, ha generado un marco que favorece la formalización, la inversión y la competencia leal.
Perú avanza con un diferencial que otros mercados de la región aún no han alcanzado: una transición ordenada hacia la formalidad, acompañada por un regulador —la DGJCMT del Mincetur— con capacidad técnica y alineado con exigencias internacionales. El proceso de licenciamiento online, regulado por la Ley 31557 y su reglamento de 2024, ya cuenta con 27 operadores autorizados, mientras que el sector presencial, bajo la Ley 27153, mantiene 720 salas de juego y 80 000 máquinas tragamonedas plenamente formalizadas.
Este ordenamiento tiene impactos directos en la economía. El sector genera 80 000 empleos directos y aporta cerca de USD 180 millones en contribución fiscal anual. Además, los ingresos
brutos del segmento online alcanzan los USD 700 millones, con una proyección de +14 % de crecimiento en recaudación entre 2024 y 2025, impulsados por una mayor trazabilidad, controles de cumplimiento más estrictos y una demanda en expansión.
El comportamiento del jugador confirma este dinamismo. En el país, 4 de cada 10 peruanos realizan apuestas deportivas, con un gasto promedio de USD 23 por jugada. En el mercado online, la recurrencia es aún mayor: 94 % de los jugadores apuesta al menos una vez al mes, según datos de Playtech 2025. Estas cifras evidencian un consumidor cada vez más digitalizado, que se desplaza hacia plataformas reguladas que ofrecen mayor seguridad y transparencia.
En conjunto, este proceso ha reforzado la confianza en un sector históricamente vulnerable al juego ilegal. La supervisión activa del regulador, el diálogo con la industria y la adopción de exigencias técnicas más estrictas han permitido una transición fluida hacia un entorno más seguro y competitivo. El desafío ahora es sostener esta cultura de cumplimiento, evitar distorsiones tributarias que puedan afectar el desarrollo del mercado y seguir consolidando a Perú como un referente regional en regulación moderna e innovación aplicada al juego.











































