Las actualizaciones tecnológicas y sociales crecen día a día y la demanda por una mejor tecnología también se incrementa. Se suma a ello la denominada obsolescencia programada, en la que las empresas crean aparatos con un determinado tiempo de vida útil, que fallan a mediano plazo y sin razón justificable.
Todos estos factores, generan el desuso de millones de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE); y a partir de este escenario nace las interrogantes: ¿Qué se hace con estos equipos? ¿A dónde van a parar?
Ante la generación de estos residuos, continúa existiendo una preocupación en el mundo por la sostenibilidad del medio ambiente. En el 2016, se registraron al menos unos 44.7 millones de toneladas de estos objetos en todo el planeta, lo que equivale a unos 6.1 kg de desperdicios por persona, aproximadamente. Dicha cifra se incrementó en el 2019, alcanzando los 53.6 millones de toneladas. Y hacia el 2050, se llegaría a producir unos 120 millones de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), según pronosticó el Foro Económico Mundial.
Este descontrolado crecimiento, de no ser correctamente manejado, podría traer consecuencias medioambientales y perjudiciales para la salud humana.
CLASIFICACIÓN DE RAEE
Los AEE obsoletos o malogrados han sido categorizados en grandes electrodomésticos (como refrigeradoras), pequeños electrodomésticos (como planchas), equipos informáticos y de telecomunicaciones (como el mouse o teclado) y aparatos electrónicos de consumo (como televisores o equipos de sonido), entre otros.
De acuerdo a la última actualización hecha por el Gobierno Peruano (2020), en el país también se están considerando como RAEE a aparatos de alumbrado, aparatos médicos, máquinas expendedoras, herramientas eléctricas y electrónicas, juguetes o equipos deportivos de tiempo libre, instrumentos de vigilancia y control, aparatos médicos y equipos de laboratorio clínico, y paneles fotovoltaicos.

USO ADECUADO
Cada uno de los aparatos pertenecientes a esa lista, poseen sustancias químicas y componentes que, al ser liberadas al ambiente contaminan el agua, aire, suelo y alimentos, teniendo repercusión no solo en la naturaleza, sino también en la salud de las personas.
“Los componentes metálicos más comunes que se pueden encontrar en los RAEE son los metales preciosos como el oro, plata y paladio; los básicos como cobre, aluminio, níquel y zinc; pero también hay elementos peligrosos como mercurio, plomo, arsénico y antimonio, entre otros”, detalló el Ministerio del Ambiente (Minam).
Por ello, desde el Gobierno se está promoviendo el apoyo en conjunto con las municipalidades y el sector privado para que puedan gestionar un adecuado uso de estos bienes.
“De acuerdo a las normas técnicas vigentes, existen plantas de valorización de los RAEE, las cuales se encargan de su desmantelamiento y desensamblaje y, posterior a esto, a la comercialización de los componentes aprovechables y la disposición final de los no aprovechables”, explicó el Ejecutivo.
PRIMEROS PASOS
Para poder aminorar esta problemática, en el Perú se aprobó —desde el 2012— el Reglamento Nacional para la Gestión y Manejo de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos.
La iniciativa, tiene como fin regular dicho proceso “a través de planes, sistemas y competencias específicas de diferentes sectores del Estado, la empresa y la sociedad civil”.
Al año siguiente, la Superintendencia Nacional de Bienes Estatales aprobó una directiva nacional para la baja y tratamiento de estos materiales, los cuales representaban el 30 % del total de aparatos en el país.
Sin embargo, de acuerdo al Gobierno, el país generó 171 000 toneladas de RAEE en el 2017; mientras que solo en el 2019 se alcanzó las 204 000 toneladas de residuos eléctricos y electrónicos.
La pandemia, por su parte, fue uno de los motores determinantes para que se incremente la compra de aparatos eléctricos y electrónicos, sobre todo el referido a los equipos de computación y celulares.
“Para el presente año, se ha proyectado que se producirán más de 365 000 toneladas de RAEE en el Perú y depende de los diferentes actores involucrados, como los generadores de RAEE y productores de AEE, aumentar el porcentaje de valorización y reducir la contaminación que tanto daño le hace a nuestro ambiente y a los ecosistemas”, adelantó el MINAM.

SUMA DE INICIATIVAS
Actualmente se vienen impulsando distintos proyectos desde el sector público y privado. Por ejemplo, en el caso del primero, sigue en pie la propuesta del proceso de baja y donación de RAEE en las entidades nacionales. “De esta forma, se busca sensibilizar a la población sobre los riesgos de contaminación ambiental y afectaciones a la salud por la liberación de sustancias peligrosas si no se realiza una adecuada gestión y manejo de estos residuos”, detalló el Minam.
A su vez, se está tomando en cuenta que estos aparatos están compuestos por materiales que pueden valorizarse y así tener otro ciclo productivo, promoviendo el modelo de economía circular. Por su parte, desde el sector privado, se llevó a cabo la segunda edición de Recicambio, una iniciativa que invitaba a la sociedad civil a llevar pequeños electrodomésticos a distintos puntos de acopio, para posteriormente recibir un vale de descuento en un supermercado. Con estos aparatos reciclados se espera darle una segunda vida útil a los RAEE.











































