En Estados Unidos, la opinión pública se muestra dividida y, en gran medida, escéptica frente al auge de los mercados de predicción. Según una encuesta realizada por The Politico Poll en colaboración con Public First, solo uno de cada cinco estadounidenses considera que la creciente popularidad de estas plataformas representa un beneficio para la sociedad.
El estudio se realizó sobre una muestra de 1.667 adultos que demostraron tener cierto nivel de conocimiento previo sobre qué son los mercados de predicción, lo que da a los resultados un peso particular dentro del debate regulatorio que rodea a este sector en plena expansión.
Una percepción mayoritariamente cautelosa en Estados Unidos
A los participantes se les preguntó directamente si consideraban que la difusión de los mercados de predicción era positiva o negativa para la sociedad estadounidense, tras explicarles que plataformas como Kalshi y Polymarket permiten a los usuarios adultos operar sobre eventos deportivos y electorales.
El 20% de los encuestados calificó el fenómeno como positivo, mientras que el 16% lo consideró muy negativo. La brecha generacional y de género resultó significativa: cerca de uno de cada cuatro hombres (24%) se mostró favorable, una cifra que trepó al 28 por ciento entre adultos de 18 a 44 años de ambos sexos.
El uso real sigue siendo bajo, pero crece entre los más jóvenes
Pese a la atención mediática que han recibido estas plataformas, su adopción efectiva continúa siendo limitada. Solo el 6% del total de encuestados —aproximadamente uno de cada 17— afirmó haber operado alguna vez en un mercado de predicción, y más de la mitad (53 por ciento) descartó por completo la posibilidad de hacerlo.
El comportamiento cambia notablemente entre los más jóvenes. En la franja de 18 a 34 años, el 12% ya utilizó una de estas plataformas y un 30% adicional dijo que lo consideraría en el futuro. Tanto el uso actual como la disposición a probarlas disminuyen de forma progresiva a medida que aumenta la edad de los encuestados.
¿Juego de azar o producto financiero?
Uno de los hallazgos centrales del sondeo tiene que ver con cómo los estadounidenses clasifican este tipo de productos. Más de un tercio (36%) sostuvo que los mercados de predicción funcionan como plataformas de juego comparables a las casas de apuestas y los casinos, mientras que otro 20% reconoció que ofrecen productos de juego, aunque consideró que deberían recibir un tratamiento regulatorio distinto al de los operadores tradicionales.
Solo un 8% de los participantes los equiparó a las bolsas financieras y negó que constituyan una forma de apuesta.
La demanda de mayor regulación gana terreno
En cuanto al marco normativo, un tercio de los encuestados (33%) se mostró a favor de imponer restricciones más estrictas sobre quiénes pueden acceder a estos mercados y sobre qué tipo de eventos se puede operar. Uno de cada cinco (19%) consideró que el nivel de regulación actual es adecuado, mientras que apenas el 11% se inclinó por flexibilizar las normas vigentes.
La política, el terreno más resistido
El sondeo dejó en evidencia que la tolerancia hacia los mercados de predicción varía considerablemente según el tipo de evento sobre el que se opera. Mientras que más de la mitad de los encuestados (53%) consideró que las apuestas deportivas deberían ser legales, y al menos cuatro de cada diez avalaron la legalidad de los mercados sobre el clima o premios y reconocimientos, el respaldo se desploma cuando se trata de eventos políticos.
Solo el 30% se mostró a favor de permitir los mercados que negocian sobre resultados electorales, frente a un 44% que directamente los considera que deberían prohibirse. La resistencia es aún mayor en torno a los llamados «mercados de menciones», que permiten apostar sobre declaraciones de figuras públicas como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump: solo el 27% los respalda, mientras que el 40% pide eliminarlos.
Un dato que añade complejidad al debate es que, dentro de este mismo grupo de encuestados informados, un 14% —aproximadamente uno de cada siete— consideró aceptable que funcionarios electos, candidatos y sus equipos de campaña puedan operar sobre los resultados de sus propias elecciones, una práctica que en otros contextos regulatorios suele asociarse a riesgos de conflicto de interés y manipulación de mercado.











































