En Brasil, el expresidente Michel Temer rompió su silencio sobre uno de los actos más cuestionados de su gestión: la firma, en diciembre de 2018, de la ley que dio origen a las apuestas deportivas legales en el país. En una entrevista con el programa Frente a Frente, de Folha y UOL, conducida por los periodistas Daniela Lima y Fábio Zanini, el exmandatario admitió que no aplaude esa decisión, aunque se negó a usar la palabra «arrepentimiento».
Una solución de emergencia a fines de 2018 en Brasil
Según explicó Temer, la firma se dio en un contexto de fuerte presión política. A finales de 2018, cuando sus días en el Palacio de la Alvorada ya estaban contados, existía un intenso movimiento para legalizar los casinos en el país, al que se oponía una resistencia igual de fuerte. Frente a ese escenario, el expresidente optó por autorizar las apuestas deportivas como una alternativa intermedia, una especie de «mal menor» que, según dijo, le pareció la salida más razonable en ese momento.
Temer también aclaró que la firma de la ley marco no implicó la entrada en vigor inmediata del sistema. La reglamentación detallada del sector llegó años después, ya durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, un proceso que, según el expresidente, estaba previsto desde el inicio.
Un problema en Brasil que creció con el celular
Los periodistas citaron una encuesta de Datafolha según la cual el 35% de los brasileños presenta problemas relacionados con el juego, una situación que afecta tanto la salud mental como las finanzas personales y la economía en general. Temer coincidió en que el fenómeno se agravó con la llegada de las apuestas al teléfono móvil, que eliminó la necesidad de acudir físicamente a un local para jugar. «No es beneficioso para el país», reconoció.
El expresidente recordó que el juego ilegal ya existía antes de la ley, con casas clandestinas que ofrecían ruleta y bingo en zonas residenciales de todo el país. Sin embargo, coincidió con los periodistas en que la masificación a través de los celulares cambió la escala del problema, llevándolo a barrios y comunidades donde antes no llegaba.
Propuestas y contradicciones
Consultado sobre qué haría hoy si tuviera el poder de decisión, Temer se inclinó por una regulación más estricta y una supervisión rigurosa del sector, en lugar de una prohibición total. Como ejemplo de medida posible, planteó restringir el acceso a las apuestas para los beneficiarios del programa social Bolsa Família, argumentando que, al ser el Estado quien transfiere ese dinero, tendría legitimidad para orientar su uso.
Cuando Zanini llevó el razonamiento al extremo y preguntó si, siguiendo esa lógica, también habría que prohibir que esas personas compraran cachaça, el expresidente retrocedió y calificó la idea como una exageración. Prefirió describir su propuesta como una forma de protección beneficiosa para la sociedad, comparándola con la obligatoriedad del cinturón de seguridad, una medida que también generó rechazo social antes de ser aceptada como norma.
Aunque defendió una regulación y una fiscalización mucho más estrictas, Temer reconoció que las medidas actuales todavía no bastan para enfrentar los efectos sociales derivados de la expansión de las apuestas deportivas.











































