Junio no suele ser un mes estelar para las apuestas deportivas en Estados Unidos. Con el fin de la NBA, el receso de la NHL y la pausa en la NCAA, el calendario ofrece menos estímulos para el apostador promedio. Sin embargo, Massachusetts desafió esa tendencia y reportó un volumen de apuestas de $517.9 millones, superando ampliamente los $454.9 millones de mayo y confirmando una curva de crecimiento constante desde su apertura al mercado legal.
El estado también registró $49.4 millones en ingresos brutos para los operadores, con un aumento del 4% respecto al mes anterior. Lo interesante es que este incremento se logró sin necesidad de grandes eventos deportivos, lo que refleja la fidelización del usuario local y la eficiencia de las plataformas móviles.
Boston impulsa la marca local: DraftKings se consolida
Una de las razones por las que Massachusetts mantiene una posición estratégica en el ecosistema nacional de apuestas es la presencia de DraftKings, con sede en Boston. En junio, la compañía obtuvo $28.3 millones en ingresos, lo que representa más del 57% de la cuota de mercado estatal.
La fortaleza de DraftKings no solo radica en su base local, sino en su agresiva estrategia de marketing y sus mejoras constantes en usabilidad. Le siguen FanDuel, con $14.9 millones, y BetMGM, que apenas alcanzó los $3.2 millones, una brecha que se amplía mes a mes.
Más del 97% de las apuestas provinieron de plataformas móviles. Las apuestas presenciales —disponibles en Encore Boston Harbor, MGM Springfield y Plainridge Park— apenas representaron $12 millones del handle total. Aun así, se mantienen como espacios relevantes para eventos deportivos en vivo y experiencias VIP.
Recaudación tributaria: el juego como política pública
La gran ventaja del modelo de Massachusetts no solo está en las cifras, sino en el impacto social de los ingresos generados. Con un impuesto del 20% a las apuestas móviles y del 15% a las presenciales, el estado recaudó $9.7 millones en junio, acumulando más de $270 millones desde el lanzamiento del mercado en 2023.
Este dinero se destina a fondos para educación pública, salud mental, infraestructuras y programas de prevención del juego problemático. A diferencia de estados donde los ingresos del juego terminan diluidos en presupuestos generales, Massachusetts ha creado líneas de inversión específicas y auditablemente claras.
Contexto nacional: ¿una anomalía o un modelo?
Mientras algunos estados muestran signos de saturación —como Nueva York, que enfrenta presión por reducir los impuestos del 51% a operadores móviles—, Massachusetts se ha ganado una reputación de “mercado sensato”: crecimiento constante, regulación estricta, marketing controlado y beneficios visibles.
El enfoque de la Massachusetts Gaming Commission (MGC) ha sido clave. Desde el principio, priorizó la protección al consumidor, el control sobre los bonos agresivos y la implementación de herramientas de autoexclusión digital. En julio, la MGC reforzó su sistema de reportes de comportamiento sospechoso e inició una ronda de consultas públicas sobre cambios regulatorios de cara a 2026.
¿Qué esperar para el segundo semestre?
El futuro inmediato parece prometedor. Aunque julio presenta una desaceleración estacional, eventos como el All-Star Game de la MLB, el The Open Championship en golf y las clasificatorias rumbo al Mundial FIFA 2026 activan segmentos específicos del mercado.
Se espera que julio alcance un handle similar o superior a junio —rondando los $530 millones—, mientras que agosto podría acercarse a los $600 millones con el regreso de la NFL en pretemporada, un motor histórico de las apuestas deportivas en EE.UU.
Además, la llegada reciente de Fanatics Sportsbook y la posible entrada de nuevas marcas a finales de año generan expectativas de mayor competencia y expansión de servicios personalizados.
El desafío de sostener un crecimiento sano
Más allá de las cifras, el gran reto de Massachusetts será mantener el equilibrio entre expansión económica y sostenibilidad social. La sobreexposición publicitaria, la banalización de las apuestas y la concentración del mercado son riesgos reales que el estado busca mitigar mediante vigilancia regulatoria y educación ciudadana.
Las universidades locales —como el MIT y Harvard— ya han iniciado estudios sobre el impacto del juego digital en jóvenes adultos, y algunos legisladores promueven una ley para limitar las promociones directas a usuarios menores de 25 años.
Massachusetts no apuesta a ciegas
Massachusetts ha dejado claro que su apuesta no es solo por el volumen, sino por la solidez institucional del sistema. El crecimiento de las apuestas deportivas no se mide solo en millones de dólares, sino en la capacidad de reinvertir en el bienestar colectivo, regular con inteligencia y proyectar un modelo exportable a otras jurisdicciones.
Con cifras en alza, operadores líderes y una regulación proactiva, el estado se posiciona como uno de los laboratorios más exitosos del juego legal en Norteamérica.











































