Nueva Zelanda se suma finalmente al grupo de países que han optado por regular los casinos online. El pasado 30 de junio, el gobierno presentó oficialmente el Online Casino Gambling Bill, una propuesta que marca un antes y un después en la política de juego del país.
Hasta ahora, los ciudadanos neozelandeses podían acceder a plataformas de apuestas online, pero solo mediante operadores offshore, fuera del control de las autoridades locales. Este vacío normativo preocupaba tanto a legisladores como a organizaciones sociales por su potencial impacto en el juego problemático, la evasión fiscal y la falta de protección al usuario.
Un sistema de licencias con cupos limitados
La iniciativa propone un sistema de licencias limitadas a un máximo de 15, que serán subastadas a partir de febrero de 2026. Cada licencia tendrá una vigencia de tres años y podrá renovarse por cinco más. Ningún operador podrá tener más de tres licencias, lo que busca evitar la concentración del mercado y fomentar una competencia sana.
La selección de los operadores estará basada en criterios técnicos y financieros, pero también incluirá planes de protección al consumidor, sistemas de verificación de identidad, límites de depósito y herramientas de autoexclusión. El objetivo es construir un ecosistema digital más seguro y transparente.
Publicidad permitida, pero con restricciones
Por primera vez, los operadores de casinos online podrán hacer publicidad en el país, algo prohibido hasta ahora. Sin embargo, la nueva regulación será estricta: quedará totalmente prohibido dirigir campañas a menores de edad o promocionar el juego como una vía rápida para ganar dinero.
Se establecerán controles para impedir que influencers y redes sociales promocionen contenido sin declarar su relación comercial con marcas de apuestas. Además, se exigirá advertencias visibles sobre los riesgos del juego en toda pieza publicitaria.
Millones de dólares en juego
El gobierno estima que los neozelandeses gastan anualmente entre NZD 500 y 900 millones (entre USD 300 y 540 millones) en casinos offshore no regulados. Con este nuevo modelo, se espera que parte de ese gasto regrese al país mediante licencias e impuestos.
Cada operador deberá pagar un 12% sobre sus ingresos brutos por juego (GGY), además del impuesto general (GST). Según proyecciones del Tesoro, esto podría traducirse en entre NZD 13 y 179 millones anuales en ingresos fiscales, dependiendo del nivel de adopción.
Advertencias sobre operadores extranjeros
Aunque la propuesta fue bien recibida por gran parte del sector, no faltan las voces críticas. El Ministerio de Asuntos Internos reconoció que muchos de los potenciales licenciatarios serán grandes operadores internacionales, lo que podría debilitar a empresas locales y reducir el impacto positivo sobre comunidades vulnerables.
Actualmente, buena parte de los ingresos del juego físico en Nueva Zelanda se reinvierten en organizaciones sin fines de lucro. Esa lógica podría no repetirse en el entorno online si las empresas licenciatarias optan por repatriar sus ganancias a otros países.
Una oportunidad y un desafío
El proceso no será inmediato. Se espera que el proyecto de ley pase por comités y consultas públicas en lo que resta de 2025. La subasta de licencias está prevista para febrero de 2026, y los primeros casinos online regulados podrían estar activos en abril del mismo año.
Esta apertura del mercado digital marca una nueva era para el entretenimiento en línea en Nueva Zelanda. Pero también plantea interrogantes: ¿podrá el gobierno controlar eficazmente a los operadores offshore? ¿Habrá mecanismos suficientes para evitar el sobrejuego y proteger a los más jóvenes?
Nueva Zelanda entra al juego
La regulación de los casinos online en Nueva Zelanda representa mucho más que un cambio legislativo. Es una apuesta estratégica por recuperar el control de un mercado multimillonario que operaba en la sombra. Pero como todo en el juego, el éxito no está garantizado. Todo dependerá de cómo se implementen las reglas, quién obtenga las licencias y cuán comprometidas estén las autoridades en hacerlas cumplir.











































