El 2025 pasará a la historia como el primer año, desde que la Corte Suprema anuló la prohibición federal en 2018, en el que ningún estado de Estados Unidos aprobó una ley o iniciativa electoral para legalizar las apuestas deportivas.
Un retroceso que, aunque previsible por el número limitado de estados restantes, representa un golpe simbólico para una industria que venía creciendo a ritmo constante en los últimos seis años.
Barreras estructurales frenan legalización en Texas y California
De los once estados que aún no han legalizado las apuestas deportivas, muchos tienen barreras estructurales difíciles de superar. California y Texas, por ejemplo, representan juntos el 25% de la población del país, pero requieren reformas constitucionales aprobadas mediante referéndum. Ninguna de estas medidas será votada antes de las elecciones de 2026, y el panorama político actual no augura un cambio inmediato.
Fracaso del proyecto de ley en Minnesota
En Minnesota, las esperanzas estaban puestas en un proyecto de ley que, por primera vez, contaba con un acuerdo entre todos los actores del ecosistema del juego: las 11 tribus que operan casinos, los dos hipódromos y las organizaciones benéficas que también dependen del juego como fuente de financiación.
El proyecto proponía otorgar exclusividad a las tribus para operar apuestas deportivas, a cambio de una compensación económica para los demás sectores. No obstante, el texto se estancó en la primera votación de comité por un empate entre demócratas y republicanos, reflejo de preocupaciones cruzadas: adicción al juego por un lado, impuestos por el otro. Pese a varios intentos de reactivarlo, el proyecto nunca volvió a votarse.
Hawái se acerca a la legalización del juego
Más al oeste, Hawái sorprendió al avanzar más que nunca en su historia hacia la legalización. Un proyecto de ley con apoyo bipartidista que permitía operar al menos cuatro casas de apuestas móviles fue aprobado tanto por la Cámara como por el Senado estatal.
El argumento a favor fue claro: los hawaianos ya apuestan, pero lo hacen a través de plataformas en el extranjero, no reguladas y que no dejan beneficios económicos en el estado. Sin embargo, las diferencias sobre la tasa impositiva y la estructura regulatoria frenaron el avance final.
El comité de conferencia no logró un acuerdo, y el proyecto quedó archivado, aunque muchos lo ven como una base sólida para 2026.
Oklahoma sigue sin acuerdo para apuestas deportivas
En el caso de Oklahoma, el juego está dominado por tres docenas de tribus con derechos exclusivos para operar casinos. Si bien estas tribus están interesadas en sumar apuestas deportivas, exigen mantener su control exclusivo.
El gobernador Kevin Stitt, por su parte, insiste en abrir el modelo a otros actores como hipódromos, la lotería estatal o incluso franquicias deportivas. Esta falta de consenso ha paralizado cualquier posibilidad real.
Aunque un proyecto que contemplaba una votación ciudadana en 2026 logró pasar la Cámara, nunca fue tratado en el Senado. Todo indica que el verdadero avance podría llegar recién en 2027, cuando Stitt deje el cargo.
Estados del sur frenan la legalización
A nivel nacional, los intentos de legalización en estados como Georgia, Alabama o Carolina del Sur también se vieron frenados, en gran parte, por exigencias de enmiendas constitucionales y una marcada resistencia cultural al juego.
Y si bien estados como Utah o Idaho siguen completamente fuera del radar, el foco ahora se traslada a 2026, año clave para nuevas consultas populares.
El futuro de las apuestas deportivas en Estados Unidos
En definitiva, 2025 marcó una pausa inesperada pero no definitiva. Aunque no se legalizó el juego en ningún estado, las tensiones políticas, los conflictos entre actores locales y las preocupaciones sociales son señales claras de que el futuro de las apuestas deportivas dependerá, más que nunca, del consenso legislativo y del diseño de marcos regulatorios sólidos, inclusivos y sostenibles.











































