En un giro previsible pero igualmente contundente, Hawái ha decidido frenar todos los intentos de legalizar el juego durante 2025. El Senado estatal archivó el proyecto de ley SB 893, que proponía autorizar la operación de casinos en zonas estratégicas como el Aloha Stadium Entertainment District y el Centro de Convenciones de Hawái. También incluía la creación de una Comisión de Control del Juego y la implementación de un impuesto del 15% sobre los ingresos brutos generados por el sector.
Pese a los argumentos en favor del crecimiento económico y la atracción turística, diversas agencias estatales y legisladores se opusieron al plan. Entre las preocupaciones destacadas: el potencial aumento de la criminalidad, el impacto en comunidades vulnerables y los riesgos asociados a la adicción.
La senadora Lynn DeCoite, una de las voces más críticas, afirmó que los ciudadanos de Hawái no deben asumir nuevas cargas fiscales ni riesgos sociales por una industria que, hasta ahora, ha generado más divisiones que consensos.
La propuesta de apuestas deportivas también quedó fuera de juego
No solo los casinos fueron rechazados. La Cámara de Representantes también detuvo el avance del proyecto HB 1308, que buscaba permitir casas de apuestas deportivas en línea bajo licencias limitadas. A pesar de que logró avanzar por algunos comités, la votación final reveló un apoyo insuficiente y dudas persistentes.
A diferencia de otros estados, donde la regulación de las apuestas deportivas ha generado millones en ingresos fiscales, en Hawái las autoridades siguen enfocadas en prevenir posibles consecuencias negativas como el endeudamiento personal y la ludopatía.
Incluso con el respaldo de grandes operadores como DraftKings y BetMGM, el proyecto no logró convencer a legisladores que consideran que el costo social podría superar con creces cualquier ganancia económica.
Un paraíso sin juego: Hawái y Utah, los últimos estados sin legalización
Mientras más de 30 estados en EE. UU. han regulado algún tipo de apuesta—ya sea loterías, casinos presenciales o plataformas online—Hawái y Utah permanecen como los únicos estados que prohíben todas las formas de juego.
La resistencia tiene raíces culturales, sociales y políticas. En Hawái, existe un fuerte deseo de proteger a las comunidades locales de lo que muchos consideran una economía de alto riesgo, especialmente en un estado que ya enfrenta desafíos en vivienda, salud mental y desigualdad económica.
¿Se acabó el debate? No del todo
Aunque el rechazo de estas iniciativas marca un revés para los defensores del juego regulado, el debate en Hawái está lejos de concluir. Los crecientes ingresos por apuestas en otros estados, el aumento del juego ilegal o sin regulación y el interés de grandes operadores podrían reactivar la discusión en futuras sesiones legislativas.
Por ahora, sin embargo, Hawái se mantiene firme en su decisión: proteger su tejido social sigue siendo prioridad frente al atractivo económico del juego legalizado.











































