En Países Bajos, la ciudad neerlandesa de Enschede se enfrenta a una crisis silenciosa: uno de cada cinco jóvenes arrastra deudas. Ese dato, citado por la concejal y trabajadora social Meryam Sümer, del Partido Demócrata Cristiano (CDA), es el punto de partida de una propuesta que apunta directamente a la regulación nacional del juego en línea. Según informaciones publicadas por el diario AD, Sümer exige elevar la edad mínima para apostar en internet de 18 a 24 años y restringir tanto la publicidad de juegos de azar como los productos de «compra ahora, paga después» (BNPL, por sus siglas en inglés).
La magnitud del problema en cifras
Los datos municipales de Enschede para 2025 dibujan un panorama preocupante. Ese año se registraron 12.145 denuncias de personas con problemas de endeudamiento, de las cuales 960 involucraban riesgo de desalojo o corte de servicios básicos. El municipio contactó activamente a aproximadamente 4.000 residentes con dificultades económicas, lo que representa cerca de un tercio del total de los casos, una tasa de participación notablemente superior a la media nacional, que ronda el 20%.
El juego en línea y el crédito fácil como factores de riesgo
Para Sümer, los números no son una coincidencia. La concejal señala directamente al acceso sin fricciones al juego en línea y a los productos de crédito fácil como motores del endeudamiento juvenil. «Muchos jóvenes aún no tienen la conciencia financiera necesaria para gestionar múltiples suscripciones, compras a plazos y ofertas de apuestas que aparecen en las redes sociales y en los juegos para móviles», advirtió, indicando que estos factores se combinan para generar graves problemas en la comunidad.
La publicidad del juego ocupa un lugar central en su diagnóstico. A pesar de que los Países Bajos mantienen controles estrictos sobre este tipo de publicidad desde 2013, y de que en 2022 se implementó una prohibición específica en espacios públicos, un estudio reciente reveló que 31 de 277 anuncios analizados en plataformas Meta, equivalentes al 11,2% del total, estaban dirigidos a usuarios de entre 18 y 23 años, una franja etaria que la normativa vigente busca proteger.
Una propuesta sin precedentes en Europa
Elevar la edad mínima para apostar a 24 años no tiene precedentes en el continente, donde los 18 años es el estándar general. Sümer reconoce que una prohibición total sería preferible, pero admite que no es viable a corto plazo. «La clave está en reducir las tentaciones», señaló, apostando por una regulación más estricta como estrategia de prevención.
La propuesta no surge en el vacío. En febrero de 2024, el entonces secretario de Estado para la Protección Jurídica, Teun Struycken, ya había planteado elevar la edad mínima para las tragamonedas en línea a 21 años, acompañada de restricciones en los límites de depósito. La idea generó controversia: el presidente del organismo regulador del juego de los Países Bajos (KSA) advirtió que una medida así podría empujar a los jóvenes hacia el mercado ilegal. «Ya vemos a menores haciéndolo. Y para los jóvenes menores de 21 años, el suministro ilegal seguirá siendo accesible con unos pocos clics, mientras que ya no podrán entrar en plataformas legales, que deben cumplir con un estricto deber de diligencia», escribió en un blog en ese momento.
El debate parlamentario y las posiciones en juego
Un mes después de la propuesta de Struycken, el tema llegó al parlamento. El propio exsecretario sugirió un enfoque gradual para evitar el efecto de desplazamiento al mercado negro. Por su parte, la líder de la Unión Cristiana, Bikker, planteó una alternativa distinta: en lugar de elevar la edad solo para un tipo de juego, como las tragamonedas, propuso fijar una edad mínima general de 21 años para todas las modalidades de apuestas.
El debate sigue abierto y la propuesta de Sümer lo reactiva desde el nivel municipal. La concejal llama ahora a otros representantes locales y partidos políticos a presionar a los legisladores nacionales para que avancen en reformas concretas, convirtiendo la crisis de Enschede en un argumento de política pública a escala nacional.
A la preocupación financiera se suma además el creciente debate sobre la normalización del juego entre los jóvenes neerlandeses. Diversos expertos en salud pública y organizaciones de apoyo a personas endeudadas han advertido en los últimos años que las apuestas deportivas, los casinos online y las mecánicas similares al gambling presentes en algunos videojuegos están comenzando a integrarse en la rutina digital de los menores y adultos jóvenes con una naturalidad cada vez mayor. Para los críticos del modelo actual, el problema no se limita únicamente a las pérdidas económicas, sino también a la exposición constante a incentivos de consumo inmediato, recompensas rápidas y campañas publicitarias altamente segmentadas, especialmente a través de redes sociales e influencers.











































