Ya sean académicos o conceptuales, existen innumerables definiciones de juego responsable. Pero inicialmente la generalidad de la terminología nos obliga a destacar actores y funciones. La teoría se adapta continuamente, ya sea según los países y las costumbres. Por su parte, la realidad permite la posibilidad de actualizar las diferentes normas de comportamiento.
El juego responsable es una construcción. Un factor no funciona sin el otro. Es una cadena que necesita de cada uno de sus eslabones. Nace de la regulación con la salud entre las acciones permitidas y las prohibidas, pasa por los operadores para hacerse realidad en lo más profundo de la estructura de trabajo, se desarrolla en los fabricantes de acuerdo a las diferentes regulaciones y la naturaleza de las apuestas y entretenimiento, las empresas, independientemente de la unidad de negocio, se adaptan para complementar este escenario y el producto final es recibido por el cliente.
Ahí es donde el ser humano tiene la última palabra. Si bien cada uno de los eslabones anteriores tiene la obligación de ser responsable en todo momento de preservar al individuo, de igual forma a la persona, ya sea en forma individual o colectiva. La familia y los amigos también requieren de la interacción para que, fuera de nuestras vidas, el juego sea una responsabilidad general en la integración de una sociedad.
El desarrollo del juego responsable también requiere una maduración en cada una de estas etapas. Conocer cada una de las situaciones para la industria es tan importante como aprovechar esas experiencias para dar un paso adelante. Es una evolución permanente, ya sea como una obligación del consumo habitual o incluso en los avances tecnológicos.
Los estados también están involucrados. Así como el juego regulado significa ingresos para las arcas gubernamentales, en el bienestar social es donde intervienen herramientas, grupos de contención, campañas de bien público y otras participaciones conjuntas para que la responsabilidad sea viable en el desarrollo del ser humano.
En el juego responsable es donde coinciden la libertad y los límites. Ya sea por la salud de la industria del juego o la salud del ser humano, ambas instancias de la vida deben transitar por el mismo camino.
Origen y definiciones
El primer precedente proviene de uno de los establecimientos de referencia dentro de la industria del juego en Estados Unidos. En la década de 1980, Caesars (entonces Harrah’s) estableció el primer grupo de trabajo para estudiar los problemas del juego y posteriormente implementó las primeras iniciativas de juego responsable de la industria. Los primeros esfuerzos de Caesars para fomentar el juego responsable le valieron al CEO de la compañía un premio a la trayectoria del National Council on Problem Gambling en 1990. En ese momento, el análisis se centró en la atención al consumidor, así como en capacitar a los empleados para tener las herramientas en el momento indicado. Desde entonces, las dos iniciativas principales de capacitación de empleados y concientización pública de Caesars, Project 21 y Operation Bet Smart, han sido adoptadas por grupos de la industria y otros operadores y sirvieron como modelos para la regulación en todo el mundo.
A pesar de la contribución de Caesars, en ese momento no había profundidad social, cultural y psicológica en la terminología. Tuvimos que esperar unos años para que el «Juego Responsable» fuera tratado por especialistas. El término «juego responsable» se utilizó por primera vez a mediados de la década de 1990 como una forma de describir tanto los comportamientos de juego como los entornos de juego. Esta transformación fundamental en la forma en que las personas juegan no solo ha cambiado el panorama del juego, sino que también implica la necesidad de medidas novedosas para proteger a las personas de los daños relacionados con el juego.
Además, el surgimiento del juego en línea ha hecho que la regulación del juego sea un desafío, especialmente para los mercados nacionales con sistemas de monopolio. La expansión de los juegos de azar en línea también ha aumentado la discusión sobre la responsabilidad de prevenir el juego excesivo. Esta discusión está alimentada por características de los juegos de azar en línea como juegos más rápidos, una mayor rotación y una mayor disponibilidad.
El debate sobre las distintas conclusiones sobre qué es el juego responsable nació desde el mismo momento en que se originó la terminología. En pos de concentrar todas las ideas en un mismo papel, fueron varios los modelos que fueron tomando forma. Uno de los más conocidos fue el modelo Reno. Fue desarrollado en 2004 por científicos del comportamiento y profesionales de la investigación del juego de Australia, Canadá y EE. UU.
Este modelo establece principios para guiar a los operadores de la industria, servicios de salud y otros proveedores de bienestar, grupos comunitarios interesados, consumidores, gobiernos y sus agencias relacionadas en la adopción e implementación de iniciativas de minimización de daños y juego responsable.
Este Modelo Reno postula que el objetivo del juego responsable y las iniciativas de minimización de daños debe ser la prevención (iniciativas de juego responsable que reducen la “incidencia” o el número de nuevos casos de juego problemático) y el tratamiento (iniciativas de minimización de daños que reducen la “prevalencia” o el número de personas que actualmente son jugadores con problemas). Más recientemente, en un artículo sobre el Modelo de Reno, los académicos aconsejaron que, para lograr una base común, todas las partes interesadas deben “conservar una definición fundamental que respalde todas las políticas y estrategias de juego responsable: es decir, iniciativas diseñadas para limitar los gastos de juego a niveles personalmente asequibles. Lograr este objetivo invariablemente resultará en la prevención y/o reducción de los daños relacionados con el juego en la comunidad”.
Existen innumerables definiciones de “Juego Responsable” entre profesores y especialistas en el tema dedicados a trabajar dentro de la industria. De este conglomerado de ideas surgen diferencias que luego serán pensamientos complementarios y disuasivos que darán lugar a un debate interno entre los distintos eslabones de la industria. Pero hay algunas conclusiones generales.
Lo primero que se necesita es separar dos cuestiones históricas dentro de este tema. Durante muchos años se ha observado cierta confusión conceptual sobre el término. El «juego responsable» se usa a menudo para referirse al comportamiento de los consumidores (por ejemplo, estar informados y jugar dentro de los límites apropiados). De esta manera es similar al uso de ‘consumo responsable’ en las discusiones sobre el alcohol. Sin embargo, el «juego responsable» también puede describir el comportamiento de los gobiernos y la industria al proporcionar entornos en los que los consumidores puedan disfrutar del juego de forma segura.
A primera vista, el Juego Responsable se puede separar en dos categorías que interactúan al mismo tiempo: el consumo responsable del juego y la provisión responsable del juego. El consumo responsable de los juegos de azar implica: Ejercer el control y la elección informada para garantizar que los juegos de azar se mantengan dentro de los límites asequibles de dinero y tiempo, sean agradables, estén en equilibrio con otras actividades y prioridades, y eviten los daños relacionados con los juegos de azar.
Por el contrario, hay pensadores que definen la provisión responsable de juegos de azar en términos de responsabilidad social corporativa. En esta definición, el juego responsable es: la conducta del juego de una manera que cumple con las expectativas de las partes interesadas clave en cuanto a principios socialmente responsables, procesos socialmente receptivos y resultados socialmente deseables en la gestión de los impactos sociales corporativos del juego.
Así, se refleja la necesidad de separar consumo y provisión de juegos de azar. La verdad es que el juego responsable requiere la acción de una variedad de partes interesadas y define el juego responsable por separado para los consumidores y para la industria, el gobierno y otras partes interesadas.
Existen innumerables definiciones de “Juego Responsable” entre profesores y especialistas en el tema dedicados a trabajar dentro de la industria. De este conglomerado de ideas surgen diferencias que luego serán pensamientos complementarios y disuasivos que darán lugar a un debate interno entre los distintos eslabones de la industria. Pero hay algunas conclusiones generales.
Lo primero que se necesita es separar dos cuestiones históricas dentro de este tema. Durante muchos años se ha observado cierta confusión conceptual sobre el término. El «juego responsable» se usa a menudo para referirse al comportamiento de los consumidores (por ejemplo, estar informados y jugar dentro de los límites apropiados). De esta manera es similar al uso de ‘consumo responsable’ en las discusiones sobre el alcohol. Sin embargo, el «juego responsable» también puede describir el comportamiento de los gobiernos y la industria al proporcionar entornos en los que los consumidores puedan disfrutar del juego de forma segura.
A primera vista, el Juego Responsable se puede separar en dos categorías que interactúan al mismo tiempo: el consumo responsable del juego y la provisión responsable del juego. El consumo responsable de los juegos de azar implica: ejercer el control y la elección informada para garantizar que los juegos de azar se mantengan dentro de los límites asequibles de dinero y tiempo, sean agradables, estén en equilibrio con otras actividades y prioridades, y eviten los daños relacionados con los juegos de azar.
Por el contrario, hay pensadores que definen la provisión responsable de juegos de azar en términos de responsabilidad social corporativa. En esta definición, el juego responsable es: la conducta del juego de una manera que cumple con las expectativas de las partes interesadas clave en cuanto a principios socialmente responsables, procesos socialmente receptivos y resultados socialmente deseables en la gestión de los impactos sociales corporativos del juego.
Así, se refleja la necesidad de separar consumo y provisión de juegos de azar. La verdad es que el juego responsable requiere la acción de una variedad de partes interesadas y define el juego responsable por separado para los consumidores y para la industria, el gobierno y otras partes interesadas.
Existen innumerables definiciones de “Juego Responsable” entre profesores y especialistas en el tema dedicados a trabajar dentro de la industria. De este conglomerado de ideas surgen diferencias que luego serán pensamientos complementarios y disuasivos que darán lugar a un debate interno entre los distintos eslabones de la industria. Pero hay algunas conclusiones generales.
Lo primero que se necesita es separar dos cuestiones históricas dentro de este tema. Durante muchos años se ha observado cierta confusión conceptual sobre el término. El «juego responsable» se usa a menudo para referirse al comportamiento de los consumidores (por ejemplo, estar informados y jugar dentro de los límites apropiados). De esta manera es similar al uso de ‘consumo responsable’ en las discusiones sobre el alcohol. Sin embargo, el «juego responsable» también puede describir el comportamiento de los gobiernos y la industria al proporcionar entornos en los que los consumidores puedan disfrutar del juego de forma segura.
A primera vista, el Juego Responsable se puede separar en dos categorías que interactúan al mismo tiempo: el consumo responsable del juego y la provisión responsable del juego. El consumo responsable de los juegos de azar implica: aplicar el control y la elección informada para garantizar que los juegos de azar se mantengan dentro de los límites asequibles de dinero y tiempo, sean agradables, estén en equilibrio con otras actividades y prioridades, y eviten los daños relacionados con los juegos de azar.
Por el contrario, hay pensadores que definen la provisión responsable de juegos de azar en términos de responsabilidad social corporativa. En esta definición, el juego responsable es: la conducta del juego de una manera que cumple con las expectativas de las partes interesadas clave en cuanto a principios socialmente responsables, procesos socialmente receptivos y resultados socialmente deseables en la gestión de los impactos sociales corporativos del juego.
Así, se refleja la necesidad de separar consumo y provisión de juegos de azar. La verdad es que el juego responsable requiere la acción de una variedad de partes interesadas y define el juego responsable por separado para los consumidores y para la industria, el gobierno y otras partes interesadas.











































