El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva utilizó su discurso nacional por el Día Internacional de la Mujer para lanzar una advertencia contra los casinos digitales y el popularmente conocido como ‘juego del tigre’ (Tigrinho). La declaración, grabada el jueves 5 de marzo en el Palacio de la Alvorada y emitida el sábado 7 por radio y televisión nacional, duró aproximadamente seis minutos y abordó la ludopatía como uno de los principales problemas que afectan a los hogares brasileños.
En su discurso, Lula argumentó que no tiene sentido permitir este tipo de plataformas mientras los casinos físicos siguen estando prohibidos por la ley brasileña. «Trabajaremos juntos, uniendo Gobierno, Congreso y Poder Judicial, para lograr que estos casinos digitales no sigan endeudando a las familias y destruyendo hogares», afirmó el mandatario.
La ludopatía como problema que recae sobre las mujeres
El presidente estableció una conexión directa entre la adicción al juego online y el impacto económico sobre las mujeres brasileñas. Según Lula, aunque la mayoría de los adictos son hombres, son ellas quienes absorben las consecuencias financieras en el presupuesto familiar.
«Otra tragedia que afecta a los hogares brasileños es la ludopatía. Aunque la mayoría de los adictos son hombres, la carga recae desproporcionadamente sobre las mujeres. Es el dinero destinado a la comida, el alquiler y la escuela de los niños el que desaparece de la pantalla del celular», declaró el presidente.
Una estrategia dirigida al electorado femenino de cara a 2026
Según asesores del Palacio del Planalto, el discurso responde a una estrategia de comunicación orientada a fortalecer el vínculo del gobierno con las mujeres votantes, un segmento considerado prioritario de cara a las elecciones presidenciales de 2026. La elección del Día Internacional de la Mujer como escenario para abordar temas como la ludopatía, el fin de la jornada laboral 6×1 y la lucha contra el feminicidio refuerza esa lectura política.
En el mismo discurso, Lula también defendió la eliminación del régimen laboral 6×1, presentó medidas recientes del gobierno federal contra la violencia de género y anunció que el Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA) Digital entrará en vigor la semana siguiente.
La contradicción: el gobierno de Lula legalizó los casinos virtuales en 2023
El discurso presidencial genera una tensión evidente con la historia legislativa reciente. Fue el propio gobierno de Lula el que impulsó y firmó, en diciembre de 2023, la ley que permitió la operación de plataformas de apuestas online en Brasil, incluyendo los casinos virtuales como el Tigrinho.
El proyecto original, presentado por el Ministerio de Hacienda bajo la conducción del ministro Fernando Haddad, tenía un alcance más acotado: regular únicamente las apuestas deportivas, conocidas como ‘bets’, que ya operaban en el país sin marco legal. Sin embargo, durante el trámite en la Cámara de Diputados, el diputado Adolfo Viana (PSDB-BA) incorporó al texto la autorización para los ‘juegos en línea’, categoría que abarca los casinos virtuales. El Senado intentó limitar la norma exclusivamente a las apuestas deportivas, pero la Cámara restituyó la disposición ampliada antes de la votación final. Lula promulgó la ley sin vetar esa modalidad.
La regulación de las apuestas deportivas entró en vigor en Brasil en enero de 2025. El cambio de postura del presidente (de regulador a impulsor de una prohibición) se produjo en poco más de dos años y representa un giro notable en la política del Poder Ejecutivo sobre el juego online.
Qué propone Lula ahora y cuáles son los próximos pasos
El presidente no presentó un proyecto de ley concreto ni una hoja de ruta legislativa detallada. Su declaración se limitó a señalar que el tema deberá ser abordado por el Congreso Nacional y que el Ejecutivo buscará articular una respuesta conjunta con los tres poderes del Estado para restringir o prohibir la operación de los casinos digitales en el país.
La efectividad de esa promesa dependerá, en gran medida, de la capacidad del oficialismo para construir mayorías en el Congreso en torno a una medida que, paradójicamente, el propio gobierno habilitó hace apenas dos años.











































