El trabajo remoto continúa consolidándose como el estándar: el 83 % de los tomadores de decisión en áreas de IT a nivel global lo considera así (cifra que asciende a 94 % en Argentina) y tres de cada cuatro estima que buena parte de esta transición se volverá permanente, según el estudio “Global Trend Report: How the 4th Industrial Revolution is Changing IT, Business and the World” de Lumen.
En este contexto de entornos altamente distribuidos (a la fuerza laboral dispersa hay que sumar el rápido ritmo de expansión de sensores conectados a internet de las cosas, entre otros fenómenos), la computación de borde se posiciona como la alternativa para acercar las aplicaciones, las cargas de trabajo y los datos críticos al lugar en el que se procesan. El mismo estudio afirma que un 90 % prevé su implementación en el corto plazo por estas razones.
Las nuevas redes corporativas deben contemplar estas necesidades e incorporar un alto ancho de banda que admita volúmenes masivos, al mismo tiempo, tener una latencia (demora en que se transmite un paquete de información a través de una red) ultra baja. Así, se suministra una buena experiencia de usuario a un colaborador cada vez más exigente. De hecho, el informe indica que el 60 % de los líderes consultados requiere una latencia de menos de 10 milisegundos para sus aplicaciones, mientras que otro 20 % exige que sea menor a los 5 milisegundos.
En este contexto, edge computing se consolida como el modelo ideal: el 90 % de los participantes del estudio mencionado asegura que están dispuestos a trasladar sus aplicaciones de un modelo local a uno perimetral.
“Edge computing no es solo una oportunidad para innovar y para entregar a los trabajadores remotos una experiencia inigualable, también es la llave para optimizar los costos y la seguridad de la red gracias a una distribución precisa de las cargas de trabajo y a un monitoreo continuo de la actividad”, destacó Luis Piccolo, vicepresidente de Ventas de Lumen.











































